Ante todo, amabilidad, ya que llegamos con bastante retraso respecto a la hora de reserva, y no hubo problemas en atendernos. Llevábamos prisa, así que probamos el menú degustación (25 euros), efectivo, aunque no me acabó. Ensalada de zamburiñas, croquetas caseras (bacalao, patata, piñones), y dos tipos de jamón (recebo y de bellota). Buenos segundos (bacalao con dos salsas y carrillera). Buenos y algo caros los postres (no entran en el menú): tarta de queso (4,00), servida en copa y tarta tatin (5,60). Carta de vinos amplia aunque incómoda de manejar. Mi pareja no bebe vino, así que me sirvieron Luis Alegre por copas (Schott). Atención detallista, pero algunos detalles, en mi opinión, para mejorar: manteles y servilletas de papel, cambio de cubiertos para los segundos, que salen uno antes que otro. Tener en cuenta que un entrante (croquetas) lleva bacalao, así que si un segundo también es bacalao... Y los entrantes de jamón dispuestos en barra bajo un foco de luz... Sólo hubo una opción de aceite (aromatizado al romero, muy bueno) y el pan que no es integral me pareció algo flojito.
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