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Interesante local en el primer y poco transitado tramo de la céntrica C/Conde Altea.
Un rectángulo de altos techos en el que uno de sus lados, el que hace de entrada, es un gran ventanal, y otro de ellos, uno de los largos, está decorado simple y llanamente con unas interminables cortinas blancas. Sensación de desahogo que atenúan unos cuantos cuadros por un lado, un suelo muy curioso (como un remix del original con otros elementos), una cortina sesentera por otro lado…
La disposición de las mesas propicia el ambiente distendido.
Adecuado mobiliario, vajilla, cristalería, etc…
Cocina creativa de mercado. Priman el menú diario. Así, no nos dieron opción, directamente lo dieron por hecho y como nos pareció sugerente, consentimos.
•Yogur de foie con manzana confitada. Servido en copa de coktail, peculiar, líquido y con mucho protagonismo de la manzana confitada, en trocitos.
•Escalibada con boquerones marinados. Sobre una tosta hojaldrada, resultó un plato fresco, con chispa, bien ensamblado.
•Carrillada de ibéricos acompañada de suflé de puerro. Sabrosa y cocinada con lentitud.
•Picotas deshuesadas sobre crema fría de brevas. Acertada combinación, lástima que las picotas carecieran de sabor.
Carta de vinos aceptable, con muchas referencias valencianas, entre ellas el Ocho cuerdas que estaba muy rico.
Correcto servicio.
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