No conocía este restaurante y después de tomar unas cañas por Conde de Altea me topé con el sitio. Pedimos mesa para dos y sin problemas, era domingo y no había nadie, lo cual te hace sospechar, pero el caso es que no comimos mal. Nos pusieron un sushi de morcilla de arroz y una escalibada con boquerones en vinagre que pasaron la prueba. Lo que más rico nos pareció fue la ensalada de brotes y flores con foie fresco a la plancha. La pintada con alcachofas y boniato y el arroz caldoso de mariscos también bien. De postre fresas con espuma de cítricos y tiramisú. De vino, un Rafael Cambra Dos, por rendir homenaje a los vinos de Valencia. Nos invitaron a un moscatel. El trato agradable y el local bonito...sencillo y con música ambiente que cambiaba de la ópera al lounge.
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