Trato amable, sitio confortable y tranquilo. Apetece quedarse toda la noche tomando unos espirituosos. Sorprendentes los ravilois de perdiz y la ensala con crujiene de panceta. Las carnes son algo más común y el bloque de atún exquisito pero sin muchas pretensiones. Buena materia prima y original carta de vinos de la tierra. Fuimos 8 con entrantes, un plato principal por persona, buen vino y algunos postres, total 45€.
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