Hay que reconocer que tengo debilidad por el patio de masía donde está situado este restaurante. Es el restaurante con más encanto que conozco. El servicio es profesional y muy amable, destacando la simpatia y saber hacer del maitre Alain. La comida muy buena. El servicio del vino también bueno, pero penalizado por los precios exageradamente altos. La carta de vinos es bastante amplia, por ponerle alguna pega faltaría alguna sorpresa más.
Es el lugar perfecto para una cena romántica, eso si, caro, muy caro.
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