Un lugar donde se detiene el tiempo

El lugar de por si, ya merece la pena, pues se accede a él atravesando maravillosos viñedos en un entorno, que a diferencia de gran parte de las zonas de medianías de la isla de Tenerife, aún no está degradado.

En el interior de la casita canaria en la que se ubica el restaurante,en lo alto de la montaña, te sientes y te hacen sentir cómodo. Chano el primero, siempre afectuoso y bromista.

Vas tomando, las regañás, el escaldón con cebolla, las tortillitas de camarones, la "olla prodida", el bichillo...y todo ello regado con "vino turbio" un vino blanco sin filtrar muy agradable e invitador de la conversación, que le traen a Chano desde Galicia.

En fin el ambiente es sensacional, la comida sólo es una excusa para tener un momento de relax total y la cuenta es quizás, lo peor. Hay cierta desproporción entre el tipo de comida que se sirve y lo que te cobran por ella.

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