Como hay muchos comentarios sobre el restaurante, me centraré en lo que me interesa.
El dueño nos pareció desganado, soberbio y sobrado. El camarero joven -nos pareció que era su hijo- mucho mejor. Con el comedor lleno, el servicio no daba abasto, pero el dueño no paraba de acercarse a las mesas a saludar a sus conocidos. Tuvimos que esperar para todo: tomarnos nota, traernos la bebida y la comida, y pagar. El postre y el café decidimos tomarlos en otro sitio.
Almuerzo para 2 al lado de una mesa de "señoros" asiduos de la casa y de la vitrina del vino. Las mesas, demasiado juntas y de tamaño más bien escaso.
Entrantes:
- Espárragos con mahonesa (10,50 €) - Espárragos de lata con mahonesa de bote.
- Puerros a la plancha (16 €) - Le encantaron a mi esposa.
Principales:
- Entrecot (22,50 €) - Bueno.
- Callos de wagyu (20 €) - La salsa, ligada y sabrosa. Los callos, bien.
Pan (1,50 € por persona) para mojar en la salsa de los callos.
Para beber, una botella de Jesús Madrazo Selección Rioja (30,50 €) servido a buena temperatura. Servicio consistente en apertura, prueba y primer llenado. Buenas copas.
Coincido en que la cantidad de referencias de vino y los precios son magníficos. La comida solo me sirvió para acompañar al vino.
Me sentí como en la versión low cost de la Bodega Cigaleña.