El segundo local que esta conocida franquicia abrió en Tarragona capital, ubicado en la Rambla principal de la ciudad, a muy pocos metros del Balcón del Mediterráneo. La decoración es la clásica de esta cadena de establecimientos, con detalles de antiguas cervecerías. Mesas demasiado juntas unas de otras. La carta se basa en raciones y tapas. De lo que solicitamos los huevos estrellados estaban bien y el surtido de tapas bastante flojo. La ensaladilla correcta. La cerveza bien tirada y el servicio verdaderamente lamentable, por su falta absoluta de preparación. La culpa no la tienen los ¿camareros?, sino los que los ponen ahí a hacer un trabajo bien difícil sin tener repajolera idea, demostrando una falta de respeto absoluta por el cliente. Este tema es ya una verdadera emergencia nacional en la hostelería.
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