Uno de los grandes de Sevilla, en el corazón del barrio de Santa Cruz. La vivienda fue la del genial arquitecto Aníbal González (Plaza de España,...). Cenamos en un reservado con una decoración barroca preciosa. Vajilla, cristalería y cubiertos de un gusto exquisito. Entrantes típicos: chacinas, pescaíto, queso,...buenísimos. Segundo de carne en su punto (solomillo). De postre tocinillo de cielo (te transportaba al ídem). Servicio del vino correcto (Marqués de Arienzo del 2002). Al ir con un menú cerrado no puedo opinar de la carta, pero mi impresión fue muy buena. Atención cercana y con gran profesionalidad.
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