Local amplio donde la materia prima de calidad es la base que cimenta el éxito del lugar.
Servicio juvenil, fresco y simpático para la comida y entendido para el vino. Carta notable, aunque eché faltar referencias (vinos de Madrid y algun Arrayan), y blancos de élite (M.Alella Allier o Vallegarcía Viognier, nos explicaron que "el blanco tiene menos salida"). Tomamos unas copas de Guitián para acompañar creppes de verdura con bechamel riquísimos, ensalada de boletus muy acertada y papatas bravas originales. Después dos confits de pato con reduccion de px exquisitos y dos entrecot al cabrales, que se se deshacían en la boca... con Salía de Finca Sandoval (el vino fue oxigenado media hora antes). Postre: tarta de vainilla y albaricoque -que resultó seca y el albaricoque no lo encontramos-, pastel chocolate y tarta de turrón -muy acertados-. Pedimos para rematar un tokaj cinco putonios que tardaron en servir y finalmente no había; como disculpa nos invitaron a dos copas de tokaj cuatro putonios.
Cosas: más restaurante que taberna, el entorno perfecto -excepto aparcar, una odisea-, pero si para seguir disfrutando de la noche valenciana, los precios del vino acordes al lugar -no son excesivamente caros-, servicio diligente -quizá falto de información... no sabían el origen casero/industrial de los postres-, importante presencia del gerente / encargado del local, RCP muy buena -salimos por 75 euros por pareja-... tiene detalles para seguir deleitando. Me gustó y vol
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