Pequeño local "muy familiar" con comedor de 6 a 8 mesas (bajo) y

Pequeño local "muy familiar" con comedor de 6 a 8 mesas (bajo) y otro arriba con todos los recuerdos y "parafernalia" de una auténtica "peña culé". Pescados y género marino "de mercado" fresquísimos, me lo habían aconsejado como "el mejor caldero santapolero" (sólo previo encargo) y acertaron "de pleno" (el mejor que recuerdo). Servicio atento y profesional. Buena carta de vinos (excesivamente corta en rosados) pero bastante completa y actualizada en tintos (en conservador y copas buenas para lo usual en la zona). Magnífica RCP para lo que acostumbramos: ensalada de escarola (ojo: aliñada con ajo crudo), espardenyes asadas, pulpo seco, caldero para 2 con su arroz "seco" detrás (¡de esos de 3-5 milímetros de granos!), con agua, cafés, orujos (Martín Codax) y una botella de Finca Malaveína 86,- €. Si quieres ponerle un "pero" el ali-oli era "industrial" (pero yo lo prefiero porque no lo repito tanto). Esperemos que Santa Pola se mantenga como "feudo de merengues" y este restaurante se conserve como hasta ahora. Para volver y recomendarlo sin dudar si se busca un "caldero"

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