Ubicado frente al Urumea y el Kursaal, aunque sin vistas (especialmente abajo), pues prefiere guardarse la intimidad en un local que por decoración y estilo recuerda a una época más antigua. Resulta precisamente por eso romántico y con encanto.
Estuvimos en el salón del piso alto, menos recargado, con buena distancia entre las mesas y que mantiene la intimidad apropiada. El servicio correcto sin resultar estirado, al contrario, muy amable y atento.
Los vinos a un precio correcto, aunque el coperío mejorable.
Tomamos inicialmente y para compartir un arroz con cabeza de jabalí y lascas de Foie, muy bien acabado y con un sabor muy bueno. Y de segundo un pescado (en mi caso una Kokotxa buenísima). Los postres impresionantes, y con posibilidad de vino dulce por copas.
En general destaca la sensación de intimidad en un local que conserva el encanto de otro tiempo con una cocina más actual y muy bien elaborada.
RCP correcta atendiendo a los precios de la zona y la ejecución de los platos y cantidad, 75€ por persona.
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