Restaurante Rekondo: Un clásico infalible


Difícil escoger restaurante en la generosa ciudad de San Sebastián/Donostia, desde el punto de vista gastronómico, entre otras cosas. Pero algo teníamos muy claro, queríamos tradición y buen producto. Nos decidimos por el clásico Rekondo, local familiar situado a las faldas del Monte Igeldo.

Iñaqui Arrieta lidera los fogones con pasión, sabiendo elegir los mejores productos de temporada para conquistar a los clientes que se sientan en algunas de las mesas del coqueto salón, con generosa luminosidad natural, mesas bien vestidas y con correcta separación entre ellas. Por poner un pero, demasiado calor, al menos en las mesas junto a las ventanas. La carta de corte tradicional vasco-navarra solo cambia con la estacionalidad de los productos. Aquí no hay concesiones a las corrientes innovadoras, solo sigue fiel a la cocina atemporal, a la de siempre.

Servicio muy profesional. algo serio pero atento. Todo funciona como un reloj gracias al buen hacer de Lourdes, hija del propietario Txomin Rekondo (pasamos a su lado, tomándose un txacolí junto a unos amigos con total naturalidad).

Cestita con un solo tipo de pan blanco, muy bueno. Como detalle de la casa, unas soberbias croquetas de jamón.

Comida para 3 personas:

Entrantes:

- Verduras a la parrilla con polvo ibérico: Buen surtido de verduras. Para los amantes de lo verde bien tratado.

- Morcilla de Urt templada con ensalada de berros, pera y vinagreta de Dijon: No la habíamos probado nunca y nos gustó muchísimo la morcilla de esa localidad guipuzcuana. Parecida a las morcillas leonesas pero algo más suave.

- Revuelto de hongos: Magnífico y generoso revuelto de boletus. El huevo en su punto para conseguir la textura cremosa que me gusta.

Segundos:

- Ciervo asado con confitura de orejones y mango: Magnífica pieza de ciervo. Carne en su punto, tierna y jugosa. Ver levitar a un hijo con una delicia así es una satisfacción. Le ofrecieron unas patatas como acompañamiento. Patatas fritas de película (y que luego cobraron a 9€ + IVA).

- Entrecot a la parrilla: Buena pieza de carne presentada al punto que pidió mi mujer. Se acompañó de unos pimientos asados del piquillo y unas patatas.

- Chuletón de buey a la parrilla (48€ kilo): Tenía el capricho de meterme un chuletón y no perdí la primera oportunidad de hacerlo. Les pedí una pieza de 1 kilo y me presentaron una chuleta de saltarse las lágrimas. Buen punto, sabrosa y para colmo sin excesiva grasa. Me ofrecieron de guarnición unos pimientos del piquillo que al final resultó ser una ración y que cobraron a 12€ + IVA. Pero bueno, íbamos a disfrutar de lo bueno y los pimientos resultaron de fábula también.

Postre:

- Torrijas de vainilla caramelizadas: Un par de torrijas muy empapadas en leche. Deliciosas.

En la sobremesa y con el café, unas tejas caseras crujientes y deliciosas, aunque, a mi modo de ver, demasiado gruesas.

La carta de vinos no es una carta al uso; es un señor registro con la base de datos de la colosal bodega que se esconde bajo el restaurante: inmanejable y menos si el sumiller no se persona. El único contacto con el sumiller Martín Flea fue al presentarme la botella ¿Qué podría haber solicitado su asesoramiento y pedir consejo? Pues sí, pero no creo que sea lo correcto. En fin, me decido por recrearme echando un vistazo solo a su inmensa oferta de vinos de La Rioja. No me hubiera importado pedir algún vino entrado en años, pero al final, me decidí por un moderno que no falla: Valenciso 2009 (24€ + IVA) servido a temperatura idónea y copas Riedle.

La visita a la bodega fue posible tras solicitárselo a la amable Lourdes. Visita obligada para los amantes del vino. Una delicia pasearse entre increibles verticales de tantos vinos ilustres: Vega Sicilias, Château d'Yquem o Château Mouton Rothschild, entre otras maravillas. ¡Cuánta pasión se respira en esta bodega!

Cuenta final: 247.50€ (incluido IVA, la botella de vino, un café y una botella de agua de 1 litro; parece que no cobran servicio por pan o cubierto).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría un entrante, un segundo y postre, sin bebidas.

  1. #1

    EuSaenz

    Buen homenaje en un clásico, pero hombre, ya que vas por allí bien merecía la pena haber pedido un Rioja viejo, que un Valenciso se puede encontrar en muchos otros sitios…

    Saludos,
    Eugenio.

  2. #2

    Jansolo

    Buen comentario. Anotado queda para cuando visite las tierras del Norte.
    Saludos.

  3. #3

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    Amigo, solo y ante el desafío de atinar con un "viejuno". A eso me refería con la no presencia del sumiller. De haberse presentado y de haberme dado pie, me hubiera lanzado.

    Saludos

  4. #4

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    Todo estuvo a muy buen nivel. Si vas buscando un "vasco" tradicional y de nivel, este es tú sitio.

    Saludos

  5. #5

    EuSaenz

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    Es un factor importante, está claro. Además creo que los vinos viejos ya no están tan baratos como hace un tiempo y hay que andar con cuidado con lo que se pide. Sin haberte gastado mucho dinero, con un Contino/Imperial/Viña Real de los 80 (81/82/85/87) aciertas casi seguro. O un GR904 de la misma época.

    Saludos,
    Eugenio.

  6. #6

    jacomur

    Si señor. Donde la carne es carne y el pescado es pescado y se ven en el plato. ¡Viva el producto!. Saludos desde donde el hojaldre es hojaldre, Torrelavega.

  7. #7

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    A eso fuimos Javier. Vivan los chuletones y abajo las esferificaciones, ja, ja

  8. #8

    G-M.

    te salió rekonda la jugada

  9. #9

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    Tenía muchas ganas de cocina tradicional vasca de toda la vida y tiramos por lo seguro. Aquí tocó tierra y unos días después mar en Getaria. Lástima de más días para seguir probando esos platos que hacen historia en esa tierra (besugo, bacalao pil-pil, txangurro, etc)

    Saludines presi

  10. #10

    G-M.

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    Cala, calla!
    Diossssssssss

  11. #11

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    Y las kokotxas, pimientos de Gernika, alubias de Tolosa, pastel vasco

  12. #12

    G-M.

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    Marmitako, txipis en su tinta, goxua...

  13. #13

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    Que gozada de goxua me devore en la terraza de una pastelería popular de Donostia. Qué rica !!!

    Porrusalda, antxoas rebozadas, bacalao a la vizcaina

  14. #14

    Tantra84

    Desconozco el motivo por el que el sumiller no te ofreció vino pero en un local como el Rekondo, cuyo mayor valor añadido es precisamente el líquido elemento, es un fallo grave. Normal que además, ante tamaña monstruosidad de carta, te fueses a lo conocido.

    Excelente crónica, aunque con una pequeña corrección: Urt es una localidad vascofrancesa (cercana a Bayona), no guipuzcoana.

    Saludos.

  15. #15

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    Pues muchas gracias por el apunte de esa localidad.

    Saludos

  16. #16

    JoseRuiz

    Uno de los que me gustaría visitar.

  17. #17

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    Que Donosti tiemble con los restauranteros muy pronto, ja, ja

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