Local clásico y con tradición (que hoy en día es un gran qué). Exterior discreto e interior con notas de decoración taurina (discretas). El servicio se muestra amable tanto en la recepción como en el transcurso de la comida y es ágil. La separación entre mesas a veces llega a ser un pelín justa y molesta oir las conversaciones del resto de mesas.
La cocina es de índole totalmente casera, asegurando el tiro, seleccionando muy bien la materia prima que ofrecen. La carta es suficientemente amplia como para dejarte seducir y quizás no poder evitar hacer 2 primeros y dos segundos :-) Las raciones son generosas.
En cuanto al vino, digamos que no es el fuerte del restaurante: copas regulares que pasan a ser aceptables sin más en cuanto pides el cambio de las mismas. La carta es reducida con abundancia de Riojas y Riberas aunque existen otras D.O. españolas.
De entrantes pedimos almejas al jerez y espardenyes (ricas las primeras e imprescindibles las segundas). De segundo nos dejamos seducir por dos clásicos: rabo de buey (perfecta la cocción pero demasiada salsa y guarnición) y albóndigas con sepia (plato de "chuparse los dedos literalmente"). Pan correcto y "comestible".
Prescindimos de postres (por saturación).
Abadía Retuera Selección Especial a 25,00 eur (vinos x1,5) + Macallan 12 años + Fonseca Tawny = 80,00 eur / persona.
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