Xavier, el antiguo responsable del "Galligans" (a unos 100m en linea recta), ha conseguido abrir recientemente este sobresaliente local, como decía adriano. Cuidadísimo diseño (exterior e interior), nos encantó, con unas enormes cristaleras que aportan luz a este oasis del Barri Vell. Servicio profesional, atento, copas Spiegelau por doquier, original armario de vino en la zona de acceso a los lavabos. Buena carta de vinos, con un claro predominio de catalanes, especialmente D.O. Empordà. La comida fue excepcional, con unos aperitivos preludio de lo que se te viene encima, un maratón de platos de ejecución y presentación fuera de lo común (destacamos muy mucho los arroces), y a los postres, entra en acción Albert Requena, talentoso joven valor. Esperamos volver muchas veces, porque sus 40€/barba sin vino, le hacen un duro competidor de los Roca.
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