Realmente no alcanzo a entender en qué radica el éxito de este local.
Ruidos, apreturas, largas esperas, para al fin poder cenar sin mayor pena ni gloria.
Quizá la mejor opción sea la plancha, navajas, gambas, langostinos, etc.
En cuanto al precio, pues que quereis que os diga; lo único que pudo subir la cuenta fueron media docena de ostras, y una botella de Cuatro Rayas.
Lo dicho, junto con navajas, un pincho de marisco, cazuelita de gulas, -no la aconsejo-, gambas fritas, un postre para compartir y dos carajillos, 64 € la pareja.
No me gusta cenar así.
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