Comercialmente ambicioso, pero con poco resultado.

La verdad no estoy de acuerdo contigo. Creo que aunque intentan separarse del centro comercial (y en gran parte lo consiguen), al final sigue siendo eso, el centro comercial, aunque con unas vistas bonitas, sin ser espectaculares. Basta ver la luz que tienen, excesiva y como la del resto del edificio para comprender dónde estás. El servicio atento, pero no profesional (de hecho delante de nosotros una camarera le gruñe a un compañero por no poner un plato correctamente). Pretende ser más de lo que consigue. Platos que parece que van a ser grandes sorpresas, pero tampoco con grandes resultados. La carta de vinos escueta, y el servicio del vino deficiente, con copas simplonas (iguales para agua que para vino) y sin que se sirva si quiera en las copas. El precio excesivo: a medio día apenas dos entrantes (gambas encebolladas y chipirones con habas) y cada uno un principal (arroz de bogavante, dos de bacalao cuya descripción pintaba mejor que el sabor y un solomillo que, aunque bueno, demasiado hecho para como se pidió), a algo más de 40€ por persona, sin postre y una sola botella de vino Martín Codax.

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