A diferencia de otros restaurantes de lujo, las raciones son generosas (lo mínimo, si estás dispuesto a dejarte más de 80 euros en una cena). El servicio impecable (alejado del estiramiento de otros restaurantes de postín). La comida muy buena en general. Destacan los raviolis, el tataki de atún, el foie, los callos (los mejores de Madrid)...Las carnes y pescados son de una gran materia prima. De postre, sin duda, la tarta de manzana.
El único pero: la decoración, algo obsoleta.
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