Estuvimos este verano cenado los hermanos.
Aún no lo conocía, había oído hablar bien de la cocina y es lo único que se salva.
Eramos 6, cenamos en la terraza y no juntaron dos mesas de 4/5 plazas redondas porque no tenían otra.
Mala entrada.
Un sólo camarero, malhumorado y tenso, a pesar de que sólo habían 4 mesas. Al final se fue relajando.
El vino bien, las copas mal, bien el pan, los entrantes correctos y los platos principales de buenos a muy buenos.
Un estupendo pato en migas y la agradable sorpresa de una excelente tempura de bacalao.
Una pena. Que llegar a los bueno cueste tanto. Nos costará volver.
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