Ubicado en el centro de la zona de Cánovas, en una de sus calles más bulliciosas, decidimos cenar en el interior, rechazando el ambiente de la terraza en pro de la tranquilidad e intimidad del interior del local.
El local es amplio, de grandes dimensiones pero con una distribución de mesas muy acertada. El mobiliario, la decoración y la iluminación lo hacen un local atractivo, algo frío tal vez pero a mí me gustó.
Cocina mediterránea con evidente influencia italiana de la que escogimos el menú Kerala. Un menú de 22€ por el que tomamos una ensalada de espinacas con queso de cabra, muy buena y bien preparada; una croqueta de bacalao con un punto picante que estaba exquisita y una croqueta de jamón también muy rica. De plato principal escogimos unos farfalle con queso muy buenos y perfecto de punto de cocción, aunque ojo porque a mí me gustan muy duros y estos lo estaban, y pluma de cerdo ibérico, acompañado de un tomate y pastel de patata, simplemente excelente.
De postre tomamos un brownie con helado de vainilla y un carpaccio de piña con helado de mandarina. Para mi gusto, el carpaccio muy rico y equilibrado, para el de mi acompañante, el brownie estaba excelente, demasiado dulce para mi.
La carta de vinos es interesante, no es excesivamente amplia pero tiene referencias muy interesantes a precios comedidos. Las copas son mejorables y el servicio es atento y conoce la carta a la perfección.
Una buena opción en la zona de Cánovas
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