Tenía quince años, un domingo cualquiera, acostado en la cama y reventado de cansancio, después de la paliza que suponía trabajar los fines de semana cocinando y sirviendo mesas en un restaurante.
Cada vez que las mantas arropaban mi cansancio, en mi rostro se dibujaba una sonrisa recreando la felicidad que todos los comensales sienten alrededor de una mesa.
Desde ese momento, el sueño se repetía una y otra vez. Hoy todavía, el sueño se repite una y otra vez.
Cierro los ojos y alrededor de una mesa unos comensales disfrutan felizmente, saco de la cocina unos platos que antes prepare y los dispongo. Fin del sueño.
Desde entonces no he perseguido otra cosa en mi vida que dar de comer a la gente. Siempre he pensado que nada me aportaría más felicidad.
Después llegaron los estudios, los negocios, los viajes y desde el conocimiento, la cultura y la reflexión nace el comedor donde hoy mis compañeros y yo nos dedicamos a dar de comer a nuestros comensales.
Me gustan las cosas finas y exclusivas, me gusta la cocina elitista y tengo el baño lleno de revistas especializadas en las últimas novedades gastronómicas de todo el planeta. Me encanta y admiro ese tipo de cocina, pero no soporto tener un restaurante que no sea democrático, donde todo tipo de público con inquietudes pueda entrar, tenga el bolsillo que tenga. Tenga las necesidades que tenga en el momento que decide venir a mi casa.
Lo mismo comparten espacio en mi bodega un Pingus, un quincha, con un beryna o un jabalí. Lo mismo comparte mesa en mi comedor los que se comen un producto sencillo y digno con un potente y singular arroz. – (“si te comes unos berberechos de escándalo y un arroz meloso de chipirones con tinta y algas con dos cervezas, no quedas satisfecho.”)- otros deciden tapear y, - ( se atreven con unas anémonas de mar en témpura, una deliciosa ensalada y unas mollejas crujientes a la parrilla y terminan con unas setas confitadas con trufa negra y huevo de corral.”)- otros no se cortan un pelo y se pegan un festival que te dejan la nevera temblando. Cada cliente dentro de su singularidad y de su estilo.
Siempre el mejor producto, por dignidad y orgullo. Si vemos un pescado salvaje y el precio es desorbitado, mañana será otro día, locos, tampoco estamos. Siempre tenemos lo mejor cuando se puede vender a buen precio.
Todo bien puesto, mimado y con cariño, pero sin pasarnos en el servicio. Sin molestar. Sin aparentar, ni dar lecciones de nada. Mi padre, que es de Alcácer y que se pasó su vida transportando naranjas en cajones con el carro tirado por su rocín, no piso en su vida un restaurante. Yo, que solo soy una generación más, no puedo pretender ni quiero dar un servicio basado en el servilismo como si tratara con extraterrestres, en mis raíces se busca un equilibrio entre el respeto y la amabilidad, con mas complicidad y cercanía, aunque manteniendo las distancias. Un servicio correcto.
Mi carta es larga y variada y a esto le dedicamos horas y horas todo el equipo. Mantenemos una carta y varios menús. Creamos un menú mensual para los fines de semana con platos originales. Escribo siempre que puedo artículos sobre gastronomía para mis clientes. Este año empezamos en compañía de mi padre a colaborar en una huerta para plantar nuestros productos. !Qué tomates están saliendo!
Todo esto, para llevar un plato a la mesa y ver a la gente sonreír. Terminada la jornada cerraré los ojos y dibujaré una sonrisa en mi rostro. Y así, un día tras otro.
No me lo esperaba...Entré en el polígono de Catarroja buscando un restaurante del que me habían hablado y subí a la primera planta del restaurante: Fué como un oasis en medio de esa zona industrial. Un restaurante moderno y de diseño.
Nos sentaron a la mesa y nos encontramos con una carta totalmente sensata, en cuanto a productos primera calidad en cualquiera de los platos. Nos encantó el ciervo con habitas que nos pusieron. Las vieiras en su punto y terminamos con un solomillo de buey del Valle del Esla sensacional. No se pasan en los precios y además tienen un menú degustación a 23 euros con tres entrantes, segundo y postre que está muy bien para otra ocasión.
Pedimos un Pintia y no nos decepcionó para nada.
Estuvimos muy a gusto y en la segunda copa decidimos irnos antes de beber en exceso.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.