El servicio de vino muy bien, una buena bodega y una cristalería adecuada, en cuanto a la comida, es la primera vez que he ido a un restaurante vasco y he salido con hambre.
Después de los entrantes, pedí un plato de rabo de toro y me sacaron un plato enorme y profundo de porcelana fina con el anagrama del restaurante en dorado, muy bonito, pero el contenido de este magnifico plato eran cuatro tristes trocitos de rabo de toro perdidos en el inmenso fondo del plato, la impresión fue lamentablemente patética. Para el que no lo conozca, el rabo de toro consiste en un hueso con unos pedacitos de carne alrededor, por lo que de los cuatro trocitos de rabo pude extraer una cantidad ínfima de carne que estimularon mis glándulas salivares, pero no llenaron el estomago, por lo que acabe mas hambriento que cuando empecé.
Así que lo dicho, si os gustan los platos de porcelana fina, con alimentos elaborados y decorados, pero en cantidades minúsculas y a precios abusivos, este es vuestro restaurante.
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