Restaurante ubicado en la antigua Casa del Temple, en un precioso patio andaluz reformado. Servicio muy cuidado, humano, cercano y atento, pendiente de todos los detalles. Tomamos como entrantes foie con gelatina de oporto y unas verduras a la plancha con romesco exquisitas. Posteriormente cochinillo confitado (excelente!!!), merluza con pisto y aceite de azafrán, bacalao con hummus de garbanzos y cocochas. Todo extraordinario. Muy recomendable el pastel de chocolante caliente de postre..mmm... recomendable, en un marco que enamora.
Tomamos un Quercus servido perfectamente en copas Schott (temperatura, cantidad...). Precios del vino controlados. Muchísimos detalles a lo largo de todo el almuerzo: copa de cava al comenzar, aperitivo por parte de la casa, tomamos dos botellas de agua de las cuales sólo cobraron una, siempre teníamos como mínimo dos panecillos en nuestros platillos (cosa que es de alabar y que no es nada común) y otro que me marcó, cuando se nos acabo nuestro Quercus, nos sirvieron a los cuatro comensales un Canforrales al que nos convidó el camarero y que, después de servirnos, dejó en la mesa por si queríamos tomar más. Un petit four después del postre en forma de tarta de chocolate con salsa de pera al vino y espuma de limón extraordinario... Todo por 50 € por persona con IVA y vino todo incluido. En fin, un restaurante totalmente recomendable, en un marco que enamora.
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