Pese a que Ruzafa se está llenando de joyas fácilmente encontrables entre las calles Cádiz y Sueca, uno de los grandes desconocidos es este local amplio, moderno, con muy buena cocina y mejor servicio, que una calle más a la derecha estaría siempre lleno.
Su chef, que ha trabajado en París y Londres, dota a la carta (que va cambiando constantemente) de diversidad de sabores y texturas que hacen que cada visita sea diferente.
El planteamiento es sencillo: seis primeros a elegir, seis segundos y seis postres (con sugerencia del chef en cada uno de ellos) por un total de 21 euros, a lo que se añade la bebida.
Éramos cuatro y entre las delicias que tomamos estaban los noodles con gambas rebozadas, los fideos finos con mi-cuit o el filete de lubina con crujiente de huevo. Todo regado con una buena carta de vinos (escogimos el alicantino Enrique Mendoza) y, sobre todo, con un excelente servicio y presentación.
Yo no dejaría pasar la oportunidad de aparecer por allí. Seguro que nadie se arrepiente
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