Pequeño restaurante al que se le ha sabido sacar un excelente provecho. Colores acertados y comodidad para el comensal. Correcta vajilla, mantelería y cubertería.
Cocina internacional con algunos altibajos, como la mousse de foie que desmerece el resto de platos, con una calidad excelente. Recomendaros la tortita de queso de cabra con cebolla roja y ensalada. El pescado muy bien trabajado también y de gran calidad.
La bodega es algo pobre pero con referencias interesantes y a buen precio. Las copas algo gruesas pero con buena geometría, aceptables.
El mayor fallo de este restaurante es la despreocupación por los pequeños detalles, por el servicio, la lentitud de la cocina cuando solo estaba nuestra mesa de dos... Una lástima porque se nota una gran maestría en los fogones que no acaban de armonizar con la sala. Tal vez sea por el precio que ofertan, un menú de esa calidad por 18€ es un verdadero regalo, por lo que tal vez no vean necesario esforzarse tanto en los pequeños detalles para lo que, al fin y al cabo, van a cobrarte.
De todos modos recomiendo su visita y espero su evolución en breve. Volveremos
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