Restaurante Ca Pepico: La Re-Kata


Como final de año, el grupo de Kataklub deja sus hogares y sus catas ciegas mensuales y se va a un disfrute a botella vista (¿o no?) a un buen restaurante con el dinero sobrante de todas las catas (para nosotros katas) del año. Esta vez se ha decidido por mayoría, y dada la buena experiencia anterior, volver a Pepico con un presupuesto de gasto concreto a repartir entre Baco y Pantagruel al libre albedrio.

Cita a hora temprana para nuestros hábitos (antes de las 15 h) y tras algún despiste y problemas de aparcamiento (el comedor estaba abarrotado de mesas largas) llegamos poco a poco al local. Zona del comedor reservada (la que más nos gusta, sobre todo a medio día en invierno) con "nuestra" querida mesa del "corralet" para los 8 bien preparada. Ilusión difícil de contener. Este año no aportamos ningún vino por fuera. Vemos la cantidad de gente que hay y tememos que el jefe no pueda dedicarnos mucho de su tiempo y conocimiento: expectación. Nos sentamos tal y como vamos llegando. Hoy no hay ni papel ni bolis, ni hay que traer las copas. Solo venimos a disfrutar en el día más corto del año: todo más intenso.

Sobre la mesa algo sólido porque los vinos ya empiezan. Hay papas, cacaos, ali-oli, buen pan, tomate, agua (Vichy), aceite (Envero)... Nos llega la primera copa: un gran fino de Xerez Antonio De la Riva, oxidado, perfecto de temperatura y para el aperitivo.

Enseguida nos traen sobre unas tostaditas de pasas, un paté de níscalos trufafo como detalle de bienvenida. Y si hay bienvenida, hay champagne: Bérêche et Fils brut réserve tan elegante, con su color como el oro, fina burbuja ... Esto apunta bien alto.

Ya se coge ritmo, vienen croquetas de bacalao, casi una tarjeta (aunque hay más) de presentación de la casa. Otro vino, que hoy hay maraton: Viña Tondonia Gran Reserva Rosado 2008. Tan escaso como especial (y algunos hemos tenido al suerte de probarlo dos veces este año: aquí y en Camarena hace 2 semanas), con un punto de barniz y un color de piel de cebolla que enamora.

Vamos creciendo en intensidad: 3 x Fuentes de navajas: gran tamaño, gran carnosidad, perfecta (leve) cocción; no necesitaron de limón pero sí de vino: manzanilla Maruja que alguno ya habíamos probado haciendo tiempo para que llegaran los tardones. Nos entra otro vino que no sabemos si guardarlo para el siguiente plato, pero aprovechamos que hay extra de navajas y que Pepico nos hace jugar a las adivinanzas en los vinos y rematamos los moluscos con Venus de Cartoixà del que acertamos que era blanco (a estas alturas ya no hay nada seguro), y que era de Sara Pérez (este acierto sí que nos enorgullece).

Viene la reina: la gamba rallada, un par por persona, tamaño medio, perfecta de plancha, algún exceso de sal. Marisco fresco de primer nivel. Viene otro vino y estamos aún con Doña Sara (¿vamos lentos bebiendo vino? A mi no me lo parece, pero ¡horror! perdemos ritmo). Nuevo vino: Clos du Bourg sec 2017, nos retan a adivinar la uva y ¡error!, es una chenin blanc del Loira.

Seguimos en el mediterráneo y ahora son cigalas fritas con ajitos tiernos; de nuevo el producto de primera calidad, perfecto punto de cocina. Aún me queda del francés pero viene otra copa andaluza: Tio Pepe en Rama 2017 Edición Limitada. Aquí ya decido que cada plato y que cada vino circulen en paralelo y cuando se encuentren bien y cuando no, también.

Plato emblema de la casa: sepia encebollada. Esta vez la sepia había quedado más negra de lo habitual, aunque no por ello dejó de mojarse pan en el caldito del fondo. Pero ¡oh, sorpresa! nos viene un tinto Chánselus Castes Tintas 2015, un Ribeiro multivarietal, de uvas poco acostumbradas a nuestro gusto y eso, a pesar de mi empeño en las catas ciegas de poner uvas españolas desconocidas. No todos lo acogieron bien.

Seguimos en el mar: almejas en una ligera cocción con aceite y cebolla. ¡Zasca! otro tinto a adivinar y no acertamos más que a encontrar la copa, luego nos enteramos que era un Simeta 2017, que hemos probado en varias ocasiones. Ya te das cuenta que no estas en condiciones de adivinanzas pero al menos he conseguido que plato y copa vuelvan a ir en conjunto.

Plato principal: paella de raya, gambas, cigalas, alcachofas y algunas cosas más en los tropezones; todo perfecto tanto el fondo como la cocción del arroz y desde luego los productos marinos. Ojo que vuelven los espumosos en forma de champagne: Ulysse Collin Les Maillons, un excelente blanc de noir, que permitió degustarse poco a poco porque la ración de arroz fue generosa; ¿o es que nos habiamos quedado ya sin hambre?.

Un día fuerte en vinos parece que requiere de unos buenos quesos finales, y así fué. Los quesos fueron Touza Vella madurado un gallego de leche cruda de cabra; Mazimun, un pacense de leche cruda de oveja; Castro Castillo 7 Lobas de leche cruda mezcla de cabra oveja y vaca; otro pacense, De Afinador, de leche cruda de vaca; Savel un lucense queso azul de leche cruda de vaca. Mucha fuerza y mucho queso que se complementaron con Amontillado Tradición VORS 30 años que aguantó bien el envite.

Faltaba el dulce y se trataba de un Milhojas de crema pastelera y un biscuit sefardí con helado y que para no ser menos, quisieron un vino de compañía que esta vez sí acertamos que era un Oporto, pero un gran vino do Porto: Quinta do Noval Colheita 2000.

Los cafés, aunque parezca mentira, vinieron solos, sin vinos. Pero sí vinieron con la compañía de Pepico, un maestro en hacernos disfrutar y sentirnos como en una kata de las que hacemos en nuestra casa. Digno final a Kataklub 2018. Ya hay que pensar en Kataklub 2019.

Para fotos y más datos: http://katablok.blogspot.com/2018/12/solstici-dhivern-ca-pepico.html

  1. #1

    Joan Thomas

    Enhorabuena Diego, vaya banquetazo que os disteis, las fotos hablan por si solas.
    Este es uno de mis fijos en cuanto tenga oportunidad de volver a Valencia.
    Saludos

  2. #2

    Abreunvinito

    en respuesta a Joan Thomas
    Ver mensaje de Joan Thomas

    Sin duda. Un imperdible.
    Saludos

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