estuvimos el sábado en la Gavina.
Situación inmejorable junto al paseo maritímo.
No atendieron inmjorablemente. La mesa, al lado de las ventanas, nos dejavan ver los barcos amarrados.
Día de sol, ambiente y muy buen trato nos invitaban a pasar un dia maravilloso.
De primero pedimos unos calamacitos salteados y una croquetas de marisco.
Los calamares insuperables. Pasados rapidamente por la paella, encebollados y con ajo tierno, fueron una irresistible tentación. Mojamos el plato hasta que se nos acabó el pan.
De segundo pedimos la paella de marisco. Muy buena. Ración generosa y con un muy buen sabor que le daba el caldo de pescado.
Todo esto lo regamos con el vino que nos aconsejó el maitre. Un gewustraminer de somontano. Fantástico. A medida que iba cogiendo frio en la cubitera iba superándose.
La guindilla la dejamos para el final. Valentí, el maitre, nos aconsejó hacer un variado de postres. Nos trajo tarta sacher, tarta de limón, hojaldre de crema pastelera ... Como nos enseñaron en casa, no debemos dejar nada! Claro error. El hecho de querer probarlos todos, y cada cual mas rico, hizo que salíeramos del restaurante derechos a dormir la siesta, jajaja. Regamos los postres con un vi de gel de gramona. Ya lo conocíamos, así que nos pareció una buena manera de maridar el postre.
El precio muy correcto por todo lo que disfrutemos en la Gavina.
Una de las conclusiones que sacamos del restaurante es dejarse guiar por el maitre. Su buen hacer y su encantador trato es la mejor opción posible para que la comida se vuelva en una maravillosa experiencia gastronómica.
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