Su nombre ya indica que lo suyo es producto del mar y que la forma de hacerlo es a la brasa. El local, en una calle estrecha, bastante céntrico, tiene una entrada austera pero donde ves el material del día y el asador donde el chef Juan Manuel Berenguer se desenvuelve a la perfeción; además de un gigantesco botellero de nichos y algunas botellas magnum a la vista; ya en el interior descubres varios comedores, incluso en piso superior, con mesas bien vestidas de mantel y servilletas de tela, amplias, bien separadas, con sillas cómodos y mullidas en un ambiente de clasicismo casi evangélico.
Sobre la mesa buenas copas, vajilla, vasos y cubertería. Personal de sala con trienios siendo amables prudentes y profesionales; el servicio desde cocina buen rápido aunque el local estaba a medio gas. La cocina es clásica de producto y se permite una cierta modernidad en el planteamiento de los postres.
Carta de vinos muy muy amplia, uch más que la de comida porque con un par de páginas de lo que hacen bien siempre hay bastante. Parar beber iniciamos con una cerveza de presión y agua grande y fría sin gas que se agradece después de 4 horas de caminata por las cuestas de la alcazaba y por la ciudad. Un vermut blanco y una copa muy bien servida de Dios Baco palo cortado buscando un maridaje diferente con un pescado potente.
Para comer nos traen por cortesía de la casa un ajo arriero con unas tostas de pan muy suave y elegante. Luego vino un buen pana a elegir entre blanco centeno y cereal, y nos quedamos con 1 de cada de los dos últimos muy bien. El pedido consistió en:
. ostras: 4 piezas de Gillardeau, creo nº 2, jugosas carnosas y de sabor notable al natural (dejamos la opción de a la brasa) como corresponde.
. 100 grs de quisquilla a la brasa: al entrar ya les habíamos hecho un ojo y vinieron solo asomadas por la brasa, muy jugosas y con su pinto de sal.
. gromo a la parrilla: también llamado borriquete. Son 1,4 kgs de pescado local de roca con carne blanca, muy suave jugosa y sabrosa, presentado en bandeja a la mesa antes y después del paso por la brasa, para despiezado y preparación a la vista quedando dos platos de pescado que hubieran podido comer tres o más comensales.
. torrija tostada con sopa fresca de cacao y helado de coco: sobre una base de chocolate tibio un buen pan brioche jugoso pero sin desmoronarse y rematado con una caramelo como si fuera una crema catalana; además un helado de coco (el original va de vainilla) que combina correcto con el chocolate.
No hubo cafés pero sí un par de generosos chupitos de orujo de hierbas. Tiene merecida recomendación Michelín desde 2024 y anotado en la guía Macarfi, ambas reconocen su buen hacer.
gromo
ración de pescado
complementos
aperitivo y ostras
quisquilla
postre
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