Para repetir sin moderación

Hacía tiempo que no comía un arroz meloso tan bueno, tanto tiempo que ni lo recuerdo. Pero comencemos por el principio, primera vez que acudíamos a este restaurante de la calle Quart en el barrio del Carmen, optamos por el menú de mediodía: 2 entrantes, un arroz a elegir y postre. Los 2 entrantes (texturas de alcachofas con jamón ibérico y caldo de cocido con pelota trufada) riquísimos. Previamente nos obsequiaron con un aperitivo compuesto por unas croquetas de bacalao (me recordó las que cocinaba mi madre, sabrosísimas). Como plato principal elegimos el arroz meloso con 5 tipos de setas y pollo campero, un plato de lujo, de primera calidad, cantidad copiosa para los dos pero no dejamos ni un grano. ¡Buenísimo!
Para terminar 2 postres a compartir, también a gran altura, tarta de chocolate con helado de mandarina y tarta de castaña con helado de turrón. Delicioso.

Respecto al tema vino, la carta de vinos no es muy extensa pero la selección es muy buena y además cuentan con un sumiller de primer orden (Joan Belda), un enamorado del vino, de la gastronomía y de su trabajo, oficio y profesionalidad. Todo el equipo nos atendió espléndidamente.
Con el aperitivo y los entrantes bebimos cada uno un par de copas de La Bota de Manzanilla Pasada nº 30 saca Junio de 2011 Capataz Rivas, una maravillosa manzanilla, perfumada, floral, frutos secos, mar salino, complejidad, intensidad, muy larga, completa, una orquesta de aromas en nariz y en boca, ¡inmensa!
Para el arroz, ante mis dudas, el sumiller nos propuso un vino que no tenía en carta, un pinot noir de Valladolid, no soy yo muy amigo de variedades fuera de su ámbito pero confié plenamente en Joan, ¡que bien hice!, si hubiera catado el vino a ciegas hubiera pensado enseguida en Bourgogne, de hecho tenía esas características propias de un pinot noir francés incluida una cojonuda acidez y una gran elegancia. La botella fue Citius 2002 de Bodegas Alta Pavina, previamente decantado, un acierto maridando el plato de arroz, un vino que disfrutamos mucho, seguramente imposible de encontrar, tal vez a Joan le quede alguna botella más. Finalmente y por gentileza del sumiller degustamos unas copas de un muy interesante vino con una nariz espléndida muy expresiva: Punt Dolç, un tinto dulce natural, de Valencia.

Buen vino, cocina del mejor mercado, se abastece del muy cercano Mercado Central, y un menú diario a un precio no ya ajustado sino barato dada su calidad. Un restaurante que recomendamos a nuestros amigos de Valencia y que repetiremos para disfrutar también de su carta. Sin duda una visita que nos deja un muy buen recuerdo.

Vicente

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