Es difícil encontrar un buen restaurante que abra los Domingos. La Pitanza es una de las pocas alternativas en Valencia para ello. Además, ese día celebrábamos un doble cumpleaños, padre e hijo, de 78 y 40 años respectivamente. Había que elegir un sitio con garantías. Por tanto, la confluencia de ambos factores, inevitablemente derivó en La Pitanza como elección.
Menú concertado previamente con Hugo para el evento.Doce comensales. A precio de menú de fin de semana un fabuloso festín:
Detalle de croquetas de corvina salvaje. Muy buen sabor y textura.
Dos entrantes:
Foie con sopa de maíz y arena de quicos. Original entrante francamente bueno.
Txangurro de Nécoras. Más "clásico", pero igualmente buenísimo.
No pedimos más, sabiendo que después vendrían los arroces (y garbanzos), como siempre abundantes.
Principales:
Garbanzos Marineros con langostinos. ¡Qué decir de este plato! Personalmente me enajena. Es uno de mis fijos. Y aún así, sigue impactándome la explosión de sabor en boca. Contundente. Genial.
Arroz meloso de setas y codorniz. Otro gran plato. En su punto.
Arroz meloso de Marisco “Pelaet". Muy bueno.
Arroz de pollo para dos niñas. Se la comieron en un santiamén. Mala no debía de estar. No puedo opinar porque no dieron opción. Del resto sí. Los probé todos (no puedo evitarlo) y además recojo el sentir generalizado de los comensales.
Se repitió (dos y tres veces según quién) y aún sobró.
Postre:
Para "desengrasar", Carpaccio de Piña con Helado de Mandarina. Muy agrabable, con su toque de Cointreau.
De beber:
Una botella Magnum de El Sequé y otra "normal". Gran monovarietal que regó perfectamente los paladares.
Además, ocho botellas de agua, tres tercios de estrella Damm, dos claras, dos zumos de tomate.
Cafés e infusiones para nueve.
Invitación de botella de cava Robert J. Mur y 10 mistelas tintas (se nos dejó la botella para servir a discrección).
Buen servicio. Sin esperas a pesar de que éramos 12 y había bastante aforo en el local.
La RCP espectacular, como siempre.
En definitiva, un lugar en el que algunos nos sentimos como en casa o mejor. Mimados por Hugo y su equipo y en el que la cocina es honesta, de buenas materias primas y realizada con cariño.
Lástima que el local no sea más grande.
Muchísimas gracias. La verdad es que cambiar de década siempre es duro psicológicamente hablando, pero se hace más llevadero en una buena mesa y rodeado de amigos y seres queridos.
Depende de que década, jeje
El pasado 27 de febrero, yo también celebré mi cumpleaños en La Pianza
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