local céntrico, con ambiente pijo-informal.... mezcla de tienda de ultramarinos, bar de pueblo y lugaar gastronómico.
el servicio es amable pero anárquico, ineficiente, olvidadizo... una mezcla de todo y nada al mismo tiempo.
la carta es más o menos corta, diversa, tradicional (cap i pota, fricandó...) con cigalas, almejas... la verdad es que si lo hicieran bien, sería un lugar fantástico pero francamente las raciones, y las medias raciones, son francamente pequeñas, con una relación calidad precio mala, sobre todo por algo que, aunque no está en la fórmula directamente, también forma parte...que es la cantidad, hablar de calidad sin cantidad, a precios altos... es absurdo.
les irá bien, Barcelona es una ciudad absurda gastronómicamente hablando, donde abunda el perfil gastro-analfabeto con dinero o con ganas de simular que tiene dinero...
les irá bien, pero no nos volverán a ver....
mantelería inexistente, copas cutres, servilletas de papel, mesas pegadas, con 1,5 horas para cenar que no te dicen, loza de bazar chino... y el precio por vino :-))))))) alucinantemente caro....
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