2ª visita, la comida bien:foie bien y abundante, buenos ibéricos y un

2ª visita, la comida bien:foie bien y abundante, buenos ibéricos y un arroz con bogavante espectacular y riquísimo; postre ramplón. Los PEROS: el arroz llegó casi frío. El medio bogavante no se podía abrir a mano, y los camareros, insensibles ante los obvios e infructuosos esfuerzos de los comensales, no hacían nada. Tuve que pedir pinzas 3 veces. Cuando llegaron, el bicho estaba completamente frío. Entonces, el remate: en lugar de traer AUTOMÁTICAMENTE unos boles con agua de limón, lo normal en un restaurante de cierta categoría, los camareros miraban impertérritos la gente no sabía qué hacer con sus dedos pringados despues de haber manipulado el marisco. Lo pedí discretamente al camarero, y me dijo: "ah, se nos han acabado las servilletas húmedas", en un tono displicente, como si el fallo de previsión del restaurante fuera motivo de orgullo. Le dije que ese no era problema nuestro, que nos trajera algo para limpiarnos, e insistió: "si se nos han acabado las servilletas ¿qué quiere que haga?". El servicio sería mejor en un chiringuito de playa en pleno agosto. Por supuesto, hice que trajeran boles de agua (aún tuve que repetir la petición una 2ª vez). Llegaron despues del postre y a razón de 1 para cada 3 o 4 personas. En ese rato, vi como uno de los camareros hacía apartarse al alcalde (como digo, de una gran ciudad europea) que estaba de pie momentanemante, cos modos, haciendole notar que molestaba ahí. Pedí ver al maître, dos veces. No vino. Horrible s

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