Restaurante La Sastreria en Valencia

Restaurante La Sastreria

Datos de La Sastreria
Precio Medio:
57 €
Valoración Media:
9.3 10
Servicio del vino:
8.5 10
Comida:
10.0 10
Entorno:
8.5 10
Calidad-precio:
10.0 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Dirección: Josep Benlliure, 42
Código postal: 46011
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 57,35 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: domingo cenas y lunes todo el dia

Teléfono


1 Opiniones de La Sastreria

Nuevo local de este verano y de la época post-Covid y que entra pisando fuerte no, lo siguiente. Ubicado en la zona del Cabanyal que crece poco a poco en una restauración interesante, donde antes existía la famosa sastrería Miro, el chef Sergio Giraldo y el estudio valenciano Másquespacio han conseguido un lugar destinado a convertirse en referente de la gastronomía valenciana y que, por fin, viva cara al Mediterráneo.

Se incorpora de lleno a la tendencia de dos ambientes (bar y restaurante con cartas diferenciadas) que dependen de la misma cocina y en el mismo local, y con pretensiones de negocio estableciendo dos turnos (2 horas cada uno) de comida (se necesita rentabilizar los espacios amplios de separación de comensales), y a fé que el segundo turno estaba lleno, en un local recientemente abierto siendo finales de agosto y con la que está cayendo. Tiene una entrada a la zona de bar, con su barra de servicio, más otra barra a dos caras y central con mesas a su alrededor junto a los amplios ventanales que dan a la calle; es un espacio destinado para tapas o comida más informal (gamberra la llaman). Por ahí se entra al comedor del restaurante y, tras ver la nevera de maduración de buenas carnes (no solo del mar vive el hombre), enfrentándote a una alargada cocina con barra y cómodas sillas altas para comer cara a ella, más las consiguientes mesas, digamos, más clásicas.

La decoración en tonos muy marineros de azul oscuro y blanco (en el restaurante) y verdes y blancos y negros en el bar), con azulejos artesanales, no deja dudas de sus intenciones en cocina: buscar el mejor producto de mar y del mercado de cada día y en cocina, crear platos con avanzada técnica y con buenas presentaciones, pero, ojito al dato, aquí es igual de importante o más, el fondo y el sabor, y si eso lo complementas alejándote de la cocina minimalista, consigues rizar el rizo.

Fuimos a la hora habitual de los que comen pronto y hablan raro y que este año no han venido a España ni a la ciudad, o sea, al primer turno, con reserva telefónica del menú gastronómico (45€) anunciado en la web más algunas indicaciones (sin cilantro ni exceso de cítricos o cebiches por parte de mi compañía que era quien había elegido el local) con la intención de reanudar nuestras salidas gastronómicas. Al entrar al restaurante nos colocan en la barra, en la esquina lateral, con buena y alargada visión lateral "de lo que se guisa" y saludamos al chef; en seguida nos indican que..."no hay menú de degustación" (snack, 3 platillos, principal y postre con petit fours). Tras una pequeña discusión por la situación que no entendemos (web y confirmación telefónica) y varias consultas con el chef, al final aceptamos quedarnos a su inspiración del día con cierto temor de que lo que había empezado muy mal, acabara peor. Más cuando al pedir la bebida pedimos un vermut que no tenían y el que nos recomendaron lo trajeron ya servido del bar; más aún al pedir el vino y optar por un cava valenciano que era el más barato, pero era el único que no conocíamos y cuando nos lo sirven se pide la opción de copa de flauta que no tienen entrando en la discusión de que en ese tipo de copa no se aprecian bien los aromas, pero a mí me gusta, etc... ¡¡Dios mío que mal principio!!.

Todo lo contrario, conforme íbamos contactando con cada plato, ese mal principio se transforma rápidamente en una comunión chef / comensal, consiguiendo una armonía y entendimiento muy muy alto proporcionándonos una experiencia gastronómica en el top ten del año y demostrando que un buen chef también debe ser un buen anfitrión y saber regatear mejor que Messi.

El conocido código QR (por fin sirve para algo) te lleva a una muy amplia carta de bebidas (cavas, champagnes, blancos y tintos locales nacionales e internacionales), incluyendo Cuesta de las Liebres y Vega Sicilia, pero hay también vinos por debajo de 20€. Volviendo al QR, tienes la carta de platos del bar (destaca la presencia de ostra, salazones, atún y hasta bocata de calamares); y la carta del restaurante (destacan los pescados del día y los mariscos hervidos o a la brasa  -brasa de verdad, nada de Josper- y hasta carne con 100 días de maduración). No hay que olvidar dejar hueco para volver al QR y consultar la carta de postres (creaciones y trampantojos) con sus vinos dulces acompañantes y los destilados para la copa de sobremesa.

En la mesa, y tras aceptarlo, un pequeño cestillo con rebanada de panes correctos y algunas pequeñas rosquilletas, solicitamos un poco de aceite para un plato y nos hizo disfrutar de un buen arbequina Castillo de Canena 1780.

Lo que quiso ponernos el chef y emplatado y servido individualmente:

. aperitivo por cortesía de la casa: creo recordar que iba por la línea de una versión de gazpacho

. ostra perla valenciana, con una base de crema de calabaza y azafrán (retirados los cítricos): buen equilibrio con destacada presencia del sabor de la ostra como actor principal.

. anchoa 00, queso Stilton y jugo de ceviche con higos a la brasa: ácido, dulce, salado, todos sabores muy potentes. Me pareció uno de esos antiguos combates de catch a 4, todos contra todos sin ganar nadie. Muy arriesgado y muy exitoso.

. navaja a la brasa con guiso de rabo de toro y kimchi: de nuevo todo sabores potentes y diferentes en un buen equilibrio. Muy gustoso.

. taco de pahucoi con sepionet a la brasa lacado a la cantonesa: de nuevo gran producto con un sabor que te traslada al país asiático encima de un sepionet del mediterráneo.

. almeja de Carril hecha a la brasa y luego reposada en su propio jugo, se vuelve a calentar para sacar más jugo que se mezcla con una salsa ponzu versión valenciana en sus cítricos y acompañado de "raim de pastor": productazo versionado con una ponzu muy marcada de soja. Alto nivel.

. arroz meloso de pato con cigalas sobre las rocas y capuchina de marisco: un arroz de mar y montaña, de nuevo con buenos productos de sabores intensos y en los que el fondo es un protagonista principal.

. guiso de atún: morrillo de atún y cola para hacer el guiso típico gaditano con pimiento asado cebolla y tomate para hacer una carbonara con yema curada en soja y presentado con unas láminas de atún rojo crudas y terminado con una espuma de coco, coco rallado por encima:

. denton con cremoso de guisantes y garu: sugar baby en lugar de guisantes (no es temporada), garun en lugar de nata, creo que salimos ganado por la textura crujiente, con el pescado en teriyaki hecho en una espalda bilbaina típica y cortada con jugo de carne y rematado con ralladura de trufa de verano. La presentación no hace honor al plato.

. churro con chocolate: un guiño a la churrería cercana servido en una mesura de periódico y un vaso con buen chocolate cubierto de nata del que sale humo (ojo al hielo seco de la presentación). Bien realizado.

. kit-kat: una presentación trampantojo del famoso snack dulce, que es en realidad una cajita contenedor, de tamaño para compartir entre dos. En su interior diferentes chocolates en sabores y texturas.

. unos cafés finales y la cuenta en una bonito contenedor para recordar el origen de la sastrería que parece que su último trabajo hubiera podido ser los delantales y vestuario de los trabajadores del local. Todo bien cuidado hasta el último detalle.

Para beber un par de vermuts rojos, Kanalla rojo creo; para la comida, Caprasia, un cava valenciano de excelente relación calidad/precio dentro de la gama medio baja. Buenos comentarios de quien ejercía de sommelier y buen servicio inicial, necesitando más tarde, al llenarse el local, de autoservicio.

Durante la comida comentamos en pedir de extra unas croquetas que veíamos salir (aparte de un plato de marisco que nos deslumbró), pero optamos por ser comedidos porque sabemos que tenemos que volver. 

Un local que necesitas varias visitas para conocer bien su cocina donde destacan los productos (buenos y de precio alto -repasese los productos utilizados-) que son contundentes en sabores y contrastes sobre una base de caldos o preparaciones profundas con su tendencia de toques asiáticos en las condimentaciones y frecuente apoyo en brasas. También hay que conocer sus espacios, sus mariscos y pescados pero también sus carnes y sin olvidar los aperitivos y entrantes que hay en los ambientes, además de la carta de vinos donde hay referencias clásicas pero también novedosas y poco frecuentes. Por ello nos habíamos decantado por el menú gastronómico para el primer contacto y a posteriori creo comprender que este menú sobrepasa las dos horas previstas para el turno de mesa y de ahí su suspensión, aunque en nuestro caso, si el ritmo de la cocina lo permite, nosotros más. Empezamos peor que nunca y acabamos mejor que siempre. Muy recomendable.

 

  • nevera maduracion carne

  • entrada

  • barra del restaurante

  • zona bar

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