Local que antiguamente era una droguería y que así hacen constar sus actuales rótulos y fachada, por fuera es igual, por dentro el espacio es el mismo pero lo ha aprovechado para poner 7 mesas y una cocina vista.
Local de decoración desenfadada, sillas diferentes, mesas antiguas, ambiente informal y agradable.
La carta no es muy extensa, toda con referencias peruanas y una carta de vinos muy escueta pero con bastantes referencias de licuados y cócteles.
Servicio jóven, amable , simpático y eficiente, son 1 cocinero y 2 camareras que atienden perfectamente a todo el local, no muy grande por cierto, sobre unas 7 mesas.
Al lío, éramos 2 , mi mujer y yo y la comanda fué:
- Ensaladilla de anguila ahumada con mayonesa ahumada: servida en un cono , rico bocado, el cono un poco blando.
- Bocatín de sepia: bao con sepia , cebolla acevichada y salsa de ají amarillo: muy muy rico, lo que más nos gustó, bocado espectacular.
- Brochetas de pollo con salsa barbacoa de maracuyá: bien crujiente el pollo con esa barbacoa tan peculiar pero que casaba perfectamente.
- Ceviche de corvina, gambón y pulpo, con calabaza: rico, potente de sabor, quizás ácido en exceso, pero con maiz, que hacía un conjunto rico.
Para beber 4 cervezas y 2 buenos cafés.
No pedimos postre aunque tenían muy buena pinta. Repetiremos otro día para probar la causa limeña y la lasaña de pescado.
Buena opción, informal y buena rcp. 21 e/pax.
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