Restaurante Paladar La Guarida

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Datos de Paladar La Guarida
Precio Medio:
26 €
Valoración Media:
6.3 10
Servicio del vino:
- 10
Comida:
7.0 10
Entorno:
5.0 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
0
 
País:
Cuba

Localidad:
Dirección:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 26,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)



1 Opiniones de Paladar La Guarida

Prólogo. Como consecuencia de un evento nupcial, quien suscribe tuvo que dirigir sus pasos hacia la más que famosa Isla Cubana y, más en concreto, a la ciudad de La Habana, la cual, en más de un momento, me recordó a una ciudad recién salida de un evento bélico.

Tras el correspondiente tour turístico, autobús mediante, optamos por coger un taxi -negocien el precio siempre- para dirigirnos al restaurante aquí comentado, comentándonos el taxista que allí se comía muy bien porque “hacía no mucho que había estado Aznar en el mismo”, haciéndonos la sugerencia de que pidiésemos la misma mesa que él.

Por lo demás, únicamente precisar que los “paladares” son una especie de establecimientos de restauración autorizados por el régimen cubano para turistas y que, en principio, debería estar limitado a pocos comensales. Pero, ay amigos, el ingenio cubano dota a sus habitantes de un instinto de supervivencia que te hace convertir 10 en 50. Ya me entienden.

Entorno: Al bajar del taxi, y teniendo cuidado de no partirnos el tobillo -calle de tierra, sin bordillos y con innumerables socavones- nos situamos ante el soportal de la casa en la que, en el segundo piso, se ubicaba nuestro restaurante. La entrada, perdón por la sinceridad, acojona. Una entrada en ruinas (imagino que sería, como tantas otras, una casa colonial), llena de enruna y cascotes, en la que enfrente y al lado derecho se ve una escalera como de caracol por la que se sube y con las paredes llenas de pinturas y grafitis. Muy tipo Bronx neoyorquino chungo.

Con una cierta precaución -aunque la seguridad en la ciudad es máxima- subimos hasta el segundo piso y ya nos situamos en la entrada, propiamente, del restaurante (existe un pasillo paralelo que te lleva al WC -no perdérselo, a mi mujer le encantó- y a una terraza derruida donde, según me contaron, se montan una juergas nocturnas interesantes-).

Inmediatamente, solicitamos la mesa de Aznar (imaginando, obviamente, lo mejor de lo mejor) y nos adentramos en el restaurante, el cual es un piso grande con sus correspondientes habitaciones que está en un estado bastante aceptable, muy decorado y en el que, evidentemente, se nota la antigüedad. Fotos de famosos a barullo y decoración tipo colonial S. XIX. La señorita que nos atendió nos dijo que por supuesto nos daba esa mesa y que había una foto de Aznar allí, la cual luego resultó ser la de Zapatero!! (estos cubanos).

El caso es que nos ubicaron en una sala con otra mesa con 16 personas, por lo que mi mujer solicitó un cambio y nos ubicaron, muy amables, en otra sala de la casa, más reducida, con paredes de color verde claro y con múltiples motivos propios de la Santería, lo queme pareció muy original

Servicio y servicio del vino: En cuanto a la predisposición de la comanda, las mesas tenían un un tamaño adecuado y las sillas eran adecuadas. Manteles y servilletas de tela y cubertería más que aceptable. Copas, pues ya se pueden imaginar (aunque vi una tienda de cristalería donde vendían Riedel), muy justitas. Con el calor y humedad que hacía, ni se nos ocurrió pedir vino, no habiendo visto la carta, aunque me comentaron que disponían Vega Sicilia Único a razón de 400 CUC (dólares). Tenían básicamente dos tipos de cerveza, una tostada tirando a negra y otra rubia suavecita que se llamaba Cristal, 4 de esta última cayeron en vasos de Coca-Cola auténticamente vintage.

Las mesas estaban bien separadas y no hay molestias acústicas. La capacidad del restaurante es muy amplia (calculo unas 80 pax mínimo) y, la verdad, se está a gusto. Muy amables en el servicio y el sitio está limpio y, dentro de sus limitaciones, bastante cuidado.

Comida. Un apunte previo. En Cuba las cosas están bastante mal, por lo que productos son básicos. Las carnes y pescados elementales y poco más. En algún caso te pueden ofrecer alguna delicatesen y alguna especialidad de la zona que te pueda llamar la atención, pero poco más. Y a ello hay que adaptarse.

Tienen carta con 7 u 8 entrantes (tiraditos, ensaladas, pastas, algún tartar, ceviche). 5/6 carnes y 3/4 pescados. Aparte te ofrecen una serie de guarniciones propios de la zona (boniato, yuca, plátano o frijoles).

Nos sirvieron de aperitivo 4 pequeñas croquetas, presentadas en una cuchara grande de cobre, cuyo contenido no llegué a identificar. Bien fritas y sin aceite, pero sin mayor sabor.

De primero queríamos comer unos raviolis de setas, pero se les habían acabado. Lo sustituimos, en el caso de mi propia, por unas crepes con forma de flor y relleno de pollo con setas que se acompañaba de una salsa de setas y remolacha (rico) y, en mi caso, por una ensalada de pato ahumado, queso gouda y pasas de Corinto acompañada por una abundante lechuga con reducción de Módena (bastante sencillo y normalito).

De segundo ambos optamos por cochinillo lechal confitado. Muy bien presentado, con forma de lingote grueso. Buena ración. Jugoso y crujiente. Muy buena cocción. Acompañado de una salsa con el jugo del propio cochinillo, miel y reducción de naranja. Muy bueno.

Todo el menú se vio acompañado por el correspondiente pan, de una sola modalidad, tipo bollito, recién hecho y que se sirve caliente. Muy correcto y del que se repitió del mismo una vez sin coste adicional. Junto a ello, unos grissinis de menor nivel.

No hubo postres (no nos llamaban), ni cafés (con el ambiente de fuera no apetecían y el hielo podía conllevar algún riesgo).

El coste total se fue a unos 52 CUC (dólares)/2 pax, con lo cual la RCP buena.

En definitiva, una buena opción cuando se busca un sitio tranquilo en el que escapar, por un rato, del bullicio cubano. Sitio propio, sin duda, de turistas y cuyo trato hacia los mismos es muy bueno porque, obviamente, saben de qué va el percal.

Tocaba, pues, volver a bajar a la realidad e intentar volver a la zona más civilizada de la Habana. Afortunadamente, me esperaba mi conversación diaria con la estatua de Hemingway (cuyos pasos parezco seguir desde mi estancia en el Harry’s Bar Veneciano) en el famoso Floridita, refugio indispensable para quienes creemos que un buen daiquiri frappé constituye una excelente forma de quitarse el calor y los agobios.

Comentario dedicado al amigo Oscar, que me ha animado a volver sobre mis pasos en este ámbito.

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