Restaurante A Moa: Tapería, restaurante e xardin


Para la noche del día 1 de noviembre la idea era no reservar mesa en ningún lugar en concreto e ir un poco de acá para allá tomando algo de pie en los bares del casco viejo. Lo desapacible de la tarde/noche nos hizo cambiar de idea y optamos por un único lugar donde pudiésemos sentarnos tranquilamente a cenar. En esta ocasión fue la amiga Ada la que nos habló de un lugar del que había leído u oído buenas valoraciones en los medios de comunicación. Llamamos sobre las nueve de la noche y nos dijeron que no había problema alguno.

El restaurante A Moa se divide en dos estancias y dos ambientes con marcada diferencia. En la planta de acceso encontramos una concurrida tapería con zona de barra y mesas altas para picoteos y comidas más informales. En el comedor de abajo, donde nos sentamos, un bonito salón. Aunque se accede bajando las escaleras no se trata de un sótano subterráneo y oscuro ya que, desde él, se accede a una terraza. Decoración rústica pero actual con predominio de la madera, luz tenue y una chimenea alta y abierta que supone el broche de oro a este ambiente cálido e intimista.

La carta se fundamenta principalmente en el producto y la cocina tradicional, ofreciéndonos una sección de entrantes, otra de principales y una última de postres. Al igual que en la comida de mediodía en Agua e sal, decidimos compartir todos los platos al centro de la mesa para probar un mayor número de propuestas, decisión ésta que cuenta con el visto bueno de quien nos atiende con la advertencia que adaptara algunos de los platos al número de comensales que somos (5). En la cuenta final vemos que algunas raciones se cobran a 1,25. Perfecto, sin pega alguna. Al contrario: un ejemplo de profesionalidad y versatilidad que agradecemos.

- Ensaladilla rusa: Las verduras se cuecen hasta el punto que permita rayarlas, se mezclan con una mayonesa “de compra” según nos dicen, pero evidentemente de calidad, y se corona el plato con unas colas el gambón prácticamente crudas. El conjunto se espolvorea con huevo duro rayado. El resultado es plenamente satisfactorio y la ración abundante. Empezamos bien.

- Croquetas de pulpo: Perfectas en cuanto a su ejecución: cobertura consistente y nada gruesa y corazón meloso y fluido. Chapeau. De sabor nos parecen muy ricas pero, muy a nuestro pesar, la marca del pulpo es prácticamente inapreciable. Una lástima.

- Steack tartar con tuétano: Sin duda, el mejor plato de cuantos salieron. No distinguimos ningún condimento o aliño evidente. El único acompañante o aderezo es la carnaza del tuétano que ya nos viene medio revuelta desde cocina. A diferencia del plato de tuétano de medio día, aquí sí se nota su presencia. ¡Y vaya si se nota! La cañada ejerce como ligazón y ofrece al comensal todo su sabor embaucador. Mmmm.

- Zamburiñas: Realmente se trata de unas volandeiras y así se hace constar en la cuenta final, cosa que no se refleja en la carta. Muy ricas.

- Navajas: Decepción. Se trata de un buen producto cuya frescura es notable en su sabor pero que se han cocinado en exceso. Pinchazo.

- Berberechos: Sin ser de un calibre destacable, estamos nuevamente ante un buen producto y que, ahora sí, no se ha sometido a una cocción excesiva. Bien.

- Coruxo con crema de guisantes: Pescado autóctono con ciertas similitudes al rodaballo en cuanto a su forma y esa dualidad de colores entre sus dos caras: la una realmente oscura y la otra muy clara. Nos gusta y supone un buen final.

- Tarta de quesos: Libre interpretación de este popular postre en la que se conjuga la galleta totalmente triturada, a modo de “tierra”, el queso en forma de mouse y los frutos rojos en forma de helado. Original, rica y agradable en cuanto al juego de texturas. Solo con el pero de una falta de mayor intensidad a la hora de seleccionar o elaborar la mouse de queso.

- Lácteos: Junto con el steack, los dos mejores platos. Su presentación, el concepto y el juego de sabores hacen de él un postre de mucho nivel, digno de una sala con mayor reconocimiento. Encontramos sabores ácidos que le vienen del yogur, dulces (¿Toffee? ¿Dulce de leche?) e, incluso, salados pues al conjunto se le añaden unas escamas de sal que le van muy bien. Genial.

Acompañamos la cena con unas cervezas iniciales y dos vinos diferentes: una botella de Xión y otra de Paraje Mina. El servicio en sala fue especialmente simpático con nosotros, explicando cada uno de los platos, interesándose por nuestras opiniones y dando siempre una sensación de cercanía y profesionalidad. Uno de los puntos fuertes de este local, intuyo.

  1. #1

    Fer B.

    Ese steak fue, en mi opinión, unos de los platos top 5 del finde... jatetú, y lo encontramos sin buscarlo

  2. #2

    Antoni_Alicante

    en respuesta a Fer B.
    Ver mensaje de Fer B.

    Dame tuétano que quiero morir, dame tuétano!

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