Restaurante Cabra preta: Escondida sorpresa


En el lateral izquierdo de la fachada de un edificio antiguo a la entrada de la zona monumental encontramos un gran cartel que anuncia el restaurante. Por un momento pensamos que estaba cerrado, puesto que todas las puertas del bajo lo estaban, pero justo en el lateral opuesto se abre un portalón con una reja que sí estaba abierta, y a través del mismo se accede a un patio interior, que es donde realmente está el restaurante.

Se distribuye en dos plantas: la inferior, dedicada a la barra, con unas pocas mesas para comer en plan informal y algunas estanterías donde venden productos regionales; y la superior, el comedor propiamente dicho. La decoración es sobria, con paredes de piedra vista que aportan el toque tradicional y unas curiosas lámparas hechas con unas chimeneas de cobre, quizás procedente de algún alambique. Amplitud y notable separación entre las mesas, bien vestidas y con cristalería adecuada.

De los consabidos aperitivos que nos ofrecen nada más sentarnos nos quedamos con unas correctas aceitunas negras, una deliciosa mantequilla con un toque de ajo y una caganita (sic), un pequeño queso de oveja que acompañan de aceite y un poco de tomillo y resulta muy sabroso (3,75€).

La carta ofrece comida regional, y asesorados por el camarero terminamos eligiendo uno de los dos bacalaos que preparan, en este caso confitado (23€). Se trata de una ración para dos personas, que consiste en una espléndida tajada de un muy buen género, en su punto justo de desalado y cocción, que se sirve con una costra de pan y especias y con unas patatas cocidas y unos rollos de un buen beicon rellenos de verduras. Como postre nos decantamos por el Manjar de pastor (4€), muy recomendado por el camarero por haber sido premiado en un concurso local. Similar a otros pasteles portugueses en los que el huevo es el protagonista, con la peculiaridad de que en este caso el relleno incorporaba el requesón de oveja que se produce en la zona. Un par de buenos cafés completaron el menú.

En cuanto al vino, la carta contará con unas 30-40 referencias con una inflación razonable. Entre ellas nos quedamos con un Quinta de Ortigão Arinto-Bical 2016 (17,50), fresco y equilibrado, buen compañero de viaje del bacalao. Servido a temperatura adecuada y conservado en un recipiente de barro que, a pesar de mis dudas iniciales, consiguió evitar su calentamiento. Eso sí, como suele ocurrir en Portugal los tintos los tienen en la sala sin ningún tipo de climatización y los sirven a la temperatura de la misma.

El precio final no llegó a los 25€ por persona, comedido teniendo en cuenta sobre todo la calidad del bacalao. El servicio fue en todo momento atento y eficaz. En resumen, buen lugar para una comida de paso o como preludio o epílogo de una visita a la ciudad, que tiene un paseo


 

  • Bacalao confitado

  • Aperitivos

  • Bacalao confitado

  • Aperitivos

Recomendado por 1 usuario
  1. #1

    Joan Thomas

    Restaurante intéresante, lástima el tratamiento del vino. A tener en cuenta si un dia paso por Castelo Branco.
    Saludos

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar