Situado en la carretera de Les Marines de Denia. Decoración ecléctica, entre moderna minimalista y arquitectura de tendencia más clásica. Mobiliario cómodo y mesas amplias. Sólo ofrecían abierta la estancia de la terraza, la temperatura de esta noche era sumamente agradable y la vegetación y los parabanes la hacen muy discreta, pero la cercanía a la carretera supone sufrir un ruido proveniente de los coches de la carretera que deberían desaconsejar esta ubicación. Los baños de diseño moderno, son pequeños y en el caso del masculino con un problema de desodorización.
La carta es bastante amplia y los precios de los platos oscilan entre unos 23 y 35 euros, ofrecen dos menús degustación: Nuevas Tradiciones (100 €) más corto y que conjuga algunos de sus platos más emblemáticos, con otros de nueva creación y Universo Local (120 €), algo más extenso y con todas las novedades de la temporada. La vajilla es bonita de estilo moderno, algunos platos pude comprobar que eran de Versace, la cubertería moderna y cómoda. El servicio es tremendamente profesional, dispuesto, atento, todo un ejército a tu servicio. Resulta curioso que las explicaciones de los platos se realizan una vez ha terminado la degustación para que así la experiencia no esté mediatizada.
Carta de vinos muy amplia, muy bien seleccionada, separada en tres volúmenes: uno de generosos, blancos y espumosos y los otros dos de tintos y dulces, cada uno de ellos clasificados entre españoles e internacionales, organizados por DO’s o indicaciones geográficas. En el volumen de tintos hay un pequeño apartado a la oferta de aguas. Los precios aproximadamente duplican los de la tienda. La cristalería es Riedel de alta gama. La temperatura y servicio del vino estupendo, tal vez un poco atropelladas las explicaciones del que parecía ser el primer sumiller, pero con conocimiento y buen criterio.
Nuestra experiencia: elegimos, al ser ésta nuestra primera visita y aconsejados por el maitre, el menú Nuevas Tradiciones que se compone de nueve elaboraciones saladas y dos dulces, como ya he comentado combina elaboraciones míticas de El Poblet, con otras de nueva creación:
•Remolacha (2009): salsa mahonesa con remolacha y con tropezones de marisco dentro de una esfera helada de remolacha.
•El bosque animado (2007), todos los aromas y texturas de un bosque concentrados en un plato.
•Cubalibre de foie gras (2001): sobre una crema de foie, una gelatina de cubalibre de ron Cacique con coca-cola, escarcha de limón, adornado con pequeña rúcula silvestre del Montgó.
•Sopa fría de crustáceos gelificada, con medias cerezas de Vall de Evo (2009).
•Ostra Ibérica (2009), ostra con un caldo de jamón ibérico.
•Gamba roja de Denia (1992) sobre roca de sal.
•Cigala de las Rotas (1996), con espuma de agua de mar.
•La gallina de los huevos de oro (2005), huevo de gallina de corral cocido a baja temperatura durante 45 minutos, regado con caldo y decorado con pan de oro.
•Arroz Senia terso y meloso, con Morillas, hígado de Pichón a la brasa, hebras de jugo de trufa y hierbas silvestres de invierno (2009).
•Monocromático de Coco. (2007) Diferentes presentaciones y texturas de coco.
•Piedras (2009), postre de diferentes texturas de chocolate, acompañado con bizcocho.
En cuanto a los vinos quisimos armonizar la cena con varios vinos y aconsejados por el sumiller bebimos:
•Copa de Champagne Brice tradition brut de aperitivo.
•Copa de Fino Inocente de aperitivo.
•Botella de Sol de Señorans 2006 (Rias Baixas), como vino principal.
•Copa de Fritz Haag Juffer Sonneburg Auslesse 2005 (Mosela) para el cubalibre de foie.
•La bota manzanilla pasada Nº 10 para la Ostra Ibérica.
•Maduresa 2005 (D.O. Valencia) para el arroz.
•Olivares 2006 (D.O. Jumilla) para el postre de chocolate.
Todo ello por 388 euros los dos.
La impresión general es la de asistir a una experiencia algo más que gastronómica, todas las creaciones son de un gran nivel, tanto en el aspecto creativo, como en el de la materia prima con la que están elaboradas, así como la presentación, tal vez y a pesar de ser elaboraciones estupendas, no me pareció que estaban al nivel de los otros platos, la gallina de los huevos de oro y el postre monocromático de coco. También destacar los dos platos “no creativos” basados en la estupenda materia prima local: las gambas rojas de Denia y la Cigala de las Rotas, como homenaje a la ubicación geográfica del restaurante. En cuanto a los vinos la armonía fue total y el disfrute pleno.
Si se puede, conviene disfrutar de esta experiencia.
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