Una vez más, y ya son unas cuantas, regresamos a El Poblet para lo que se va a un restaurante gastronómico; para disfrutar y ser sorprendido por las ideas del chef. Y una vez más, el conjunto del lugar logra convencernos, tanto por el atentísimo servicio,-ni estirado, ni excesivo-, como por la cocina, -algunas novedades, combinadas con platos de siempre-. En estos tiempos en que se clasifica todo; el Poblet puede ser el primero, el quinto o el veinteavo del mundo, pero lo que no tiene vuelta de hoja, es la satisfacción de sus clientes (premisa indiscutible) y el éxito de su propuesta. Luego, que se pongan los analistas a desbrozar, si esto, si aquello. Es decir; el arroz de mero y sepia con socarrat es satisfactorio para el paladar y lo demás son cuentos. De los demás platos, sólo decir que nunca tienes la sensación de que el nivel baje. Y eso no es fácil cuando pruebas más de diez cosas distintas.
Mención especial para el sumiller, didáctico y conocedor de su oficio.
No es mérito nuestro decir que volveremos.
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