Segunda visita después de tres años. Cambios en la sala y sobre todo en la cocina.
El local es moderno aunque veo un problema en la disposicion de mesas. Algunas no consiguen la inmtimidad deseada.
Pedimos el menú ’naturaleza y técnica’ (70€) alternando platos espectaculares y realmente buenos (el cremoso de parmesano, el pan de oro, y el arroz con perlas de cereza) con otros muy por debajo de las espectivas, más visuales que otra cosa (los platos principales y algún postre simplón: infusion de Stevia Rebaudiana con petalos, flores y hierbas silvestres con manzana cruda y..., más verborrea que otra cosa). Además de algunos fallos en el punto de cocción de los platos de carne y pescado. Tampoco nos sacaron snacks, ni Petits Fours, aspecto poco usual en restaurantes de este tipo y que muchas veces marca la diferencia. Eso sí, nos sacaron un postre más.
Servicio muy amable y prácticamente perfecto, aunque el menú sin pausa entre plato y plato.
Carta de vinos espectacular, en un par de tomos muy bien presentados y encuadernados y con un apartado de vinos por copas, aguas e infusiones. Copas Riedel y servicio del vino excelente.
Al final hablamos con Quique, mucho más distante que la primera vez que hable con él, se le notaba estresado y asegurándonos que no participa en el asesoramiento de otros restaurantes/hoteles, cosa que nos llamó la atencion ya que tengo información de que sí lo hace.
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