Se puede decir que es un resturante con buena materia prima, junto a la innovación en los platos y texturas, pero..Y ahí esta lo complementario con un servicio en sala que deja mucho que desear. Soy de la opinión, que además de la comida uno se debe sentir cómodo y distendido a lo cual en este sitio ni el metre ni el servivio contribuyen. No se puede ir a comer a un sitio, por muy alta que sea la gastronomía, y soportar que el metre y servicio esten continuamente examinando las elecciones, comportamientos y si tu hijo que tiene tres años se mueve o no. Y más cuando al reservar adviertes de las presencia del infente por si no se admiten. Estos comportamientos son carentes de profesionalidad y se acercan a la mala educación de los empleados elegidos. El cliente normal y con educación no puede salir con ese malestar pagando 100 euros/barba.
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