Extraordinaria experiencia, el servicio, la cristalería, la decoración, la gente que participa de este baile de platos, técnicas y sabores lo hace adictivo.
Al final de una comida de tres horas no quieres que termine, no describo el menú porque ya se ha hecho anteriormente y no aportaría nada nuevo a un menú que termina en poco mas de 20 días.
Si daré mi razón para venir a este restaurante que es un laboratorio de sensaciones: se aprende y se alimenta por partes iguales.
Si no quieres aprender del plato y no tienes curiosidad por ver como cosas impensables se muestran como cosas comestibles que al final no son mas que sabores que tienes en casa (en algunos casos) disfrazados en técnicas y artificios que los hacen sorprendentes entonces te decepcionarás.
Estuvimos casi tres horas y no hubo pausas, la coreografía de copas, "platos" y explicaciones se movían al ritmo del Montgo, que como quienes viven allí saben es un ritmo mas lento que rápido, pero siempre en movimiento.
Navarrete y Laura nos primero un espumoso "crujiente" que acompaño perfectamente el menú y que abandonamos para el pichón y los tendones, donde Laura nos propuso un tinto de gran nivel.
Experiencia a repetir en cuanto sea posible.
No voy a indicar los vinos, porque creo que es mejor mirarse los dos tomos escritos a mano Y A LAPIZ que le da a mi modo de ver mas personalidad.
Al final a cada uno nos gusta beber y pagar una cosa.
hay mucha gente sabia.creias que tu y el que suscribe esto eramos los unicos!pues no!
ya cada vez hay más.
Afortunadamente.
Saludos
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