Restaurante Vini e Vecchi Sapori en Florencia

Restaurante Vini e Vecchi Sapori

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Datos de Vini e Vecchi Sapori
Precio Medio:
30 €
Valoración Media:
7.8 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
7.0 10
Calidad-precio:
8.5 10
Fotos:
 
País:
Italia

Localidad:
Dirección:
Tipo de cocina: Italiana
Vino por copas:
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)



1 Opiniones de Vini e Vecchi Sapori

Seguro que todos os habréis visto en alguna ocasión esperando a alguien en la puerta de un restaurante, mientras algún intrépido turista merodea por las inmediaciones intentando tomar la decisión más correcta para sentarse a comer. En algunas de esas ocasiones, me he sentido tentado a entrometerme para “guiar” al turista en la dirección adecuada, pero al final nunca he traspasado la línea. En esta ocasión, ese turista era yo.

Ultimo día de estancia en Florencia y nuestros pies están magullados tras 5 días de incesante caminar sobre adoquines centenarios, desnivelados y casi siempre mojados, por lo que nos resignamos a merodear por la zona céntrica cercana al hotel. Saturado por el exceso de cultura de los días previos, mi mente solo anhela satisfacer los estímulos más primitivos, es decir, sentarnos a comer en un sitio decente para después deambular por esas callejuelas llenas de historia sin rumbo fijo.

En el centro histórico de Florencia es bastante habitual que la numeración de policía vigente de los edificios no se corresponda con la numeración histórica tallada en la piedra, lo que frecuentemente lleva a confusiones cuando se busca una dirección determinada. Por ese mismo motivo, tuvimos que pasar un par de veces por la puerta antes de verlo, ya que lo situábamos más adelante. Una vez localizado, un letrero exterior expone los platos disponibles ese día, además de sus principios: “no pizza, no bistecca, no ice, no capuccino, no take away”. Vamos bien. El local es muy pequeño, con apenas 7-8 mesas y una doble barra situada en el centro donde terminan algunos platos, cortan fiambres y quesos, preparan bebidas, etc. Me pareció un sitio realmente encantador y autentico, situado en pleno centro y al mismo tiempo fuera de la vorágine del circuito turístico.

Son las 12:25 y como es habitual en Italia, el horario de comida empieza a las 12:30. Desde la calle podemos observar que el servicio está terminando de comer, así que optamos por alejarnos un poco para no agobiar y volver 5 minutos más tarde. Al intentar reemprender la marcha, una “buena samaritana” trata de detener nuestros pasos. Con un majestuoso abrigo de pieles y otros complementos más propios de Jackie Kennedy que de la acepción bíblica del término, nos intenta convencer para que no nos marchemos y le demos una oportunidad al local. Por lo visto cuando vio que reemprendíamos la marcha, pensó que habíamos desistido de comer allí e intentó evitar, a su juicio, semejante error. En su tarea de evangelización nos contó que, aunque reside habitualmente en Nueva York, siempre que vuelve a casa aprovecha para visitar este piccolo restaurante, donde precisamente había cenado la noche anterior y donde pretendía repetir esa misma noche si conseguía la mesa. Jackie nos mostró en su teléfono algunas fotos de sus platos favoritos e incluso nos recomendó especialidades de la carta mientras nosotros estábamos absortos examinando con detalle su glamuroso look. Es bien sabido que los italianos se encuentran un escalón por encima en asuntos de moda. Según mi experiencia, los fiorentinos van un poco más allá. Después está Jackie. Aunque nosotros realmente ya habíamos decidido quedarnos, tras semejante demostración de fervor culinario, no me movía de allí ni un escuadrón de carabinieris. Como probablemente ya habréis adivinado, Jackie se convirtió en un animado tema de conversación durante los días siguientes.

Una vez hizo la reserva nos quedamos solos en el local, aunque apenas 20 minutos más tarde ya estaba lleno. Distancias mínimas entre mesas, casi todas de 4 personas, que hay que compartir con otros dos “nuevos amigos” a medida que se va llenando el local. Debo decir que aunque a priori este aspecto me incomodaba un poco, al final quedó simplemente en anécdota. Tras las dos aguas de rigor (frizzante y natural) y el pan sin apenas sal (típico de Florencia) nos dejan la carta de vinos que constaba de 57 referencias y donde me sorprende la presencia de 12 mezzas bottiglias, con algunas denominaciones de origen interesantes. Pedimos consejo entre un Bolgheri y un Nobile di Montepulciano y nos indican que mejor el Nobile, un Trerose, Santa Caterina, 2013 que resultó muy suave y gustó mucho. El resto de la comanda consistió en lo siguiente:

1.- Parpadelle al sugo d’anatra
Bestial. Salsa de cocción lenta con sabor muy intenso a pato, rozando el nivel celestial probado tres años antes en la Antica Bottega del vino de Verona.

2.- Fettuccine alla Casalinga
Lleva una especie de longaniza con un puntito picante y rúcola, que le aportaba frescor al plato. Totalmente recomendables.

3.- Pollo e carciofi fritti
Jamás se nos habría ocurrido pedirlo de no haber sido por Jackie. A destacar el emplatado en raciones separadas puesto que era para compartir. Fritura espléndida, nada aceitosa, aunque el pollo frito nunca puede ser algo inolvidable por muy bueno que esté (que lo estaba). Las carciofi, por otro lado, sí que estaban realmente esplendidas y creo que son uno de los motivos de peregrinación de Jackie, puesto que también pidió para cenar una pasta que llevaba entre otros, láminas de carciofi cruda por encima, aunque supongo que con “crudas” quería decir realmente algún tipo de preparación en frio como el carpaccio. Deduzco por tanto, que en New York no abundan las buenas carciofis.

4.- Pera cotta al forno
En mis apuntes sobre el local, tenía anotado el tiramisú al lampone (frutos rojos) pero, como la carta estaba escrita a mano con una letra algo “peculiar”, me pareció leer “panna cotta al forno” y en un calentón inmediato pensé “que le den al tiramisú”. Cuando después llegó a la mesa una “pera cotta al forno”, no tuve más remedio que asumir el bofetón que el karma me había dado. Realmente estaba buena, pero claro…

Esta vez no pedimos ristretto porque vimos que servían los cafés de unas pequeñas cafeteras italianas “de rosca” que dejaban en las mesas y, aunque no dudo que estuvieran buenos, prefiero la espuma de las maquinas de 15 bares para arriba. Cuenta total 61,50€, que para nuestra sorpresa redondean a 60€. Descuento pequeño pero gesto significativo, a tenor de alguna experiencia previa donde la cuenta venía modificada a mano “al alza”, supongo que por el simple hecho de ser turista. Como dato curioso, me llamó la atención que pese a lo minúsculo del local, hay una mesa en la esquina del fondo que tenían reservada para ellos y que no utilizaron para nuevos clientes a pesar de estar llenos.

En definitiva un lugar frecuentado principalmente por parroquianos y que, en mi opinión, desprende una atmosfera especial que merece la pena visitar. Soy consciente de que no tendré muchas oportunidades de volver pero, cuando pise Florencia de nuevo, este será uno de los primeros lugares donde iré tras la Capilla Pazzi o el Ospedale degli Innocenti y, quien sabe, si tenemos algo de suerte quizá volvamos a cruzarnos con Jackie.

  • Pera cotta al forno

  • Pollo e carciofi fritti

  • Fettuccine alla Casalinga

  • Parpadelle al sugo d’anatra

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