Local muy sencillo situado en un puesto del Mercado de Barceló y que consta de una barra y 4 mesas altas, sin más lujos de ningún tipo. Al frente están David Trillo y Diego Benito, dos jóvenes sumiller y cocinero, con experiencia en locales de gran nivel como por ejemplo Nikkei 225 y que quieren dar un toque personal al espacio tanto por la cocina como por la selección de vinos. Acudimos 3 personas el sábado a mediodía y nos acoplamos en la barra, que estaba totalmente disponible. La oferta de cocina es completa y con bastantes cosas fuera de carta que nos enumeran, y se basa especialmente en tapas y raciones con un toque moderno buscando fusiones con diferentes cocinas pero sin avasallar, todo con cierta lógica y sobre todo sabor, sin complicarse en exceso con los productos. Mientras nos traen un aperitivo de unos deliciosos mejillones en escabeche caseros con un encantador “toque oriental”, vamos pidiendo distintas raciones que nos iban preparando y sacando con una buena cadencia:
Callos nueva ERA (7€): una versión del clásico madrileño, con un curry rojo thai como fondo, son curiosos, distintos, una fusión francamente acertada y con un contraste de sabores muy bien conseguido.
Fritura de boquerones (12€): marinados con sal, cítricos y cerveza, con una mezcla de varias harinas para la fritura y un gazpachuelo como acompañamiento. Magnífica fritura y un resultado distinto al habitual, pero muy satisfactorio.
Lubina de estero a la brasa, tomates de Jengibre y aliño cítrico de miso y mostaza (15€): buen lomo de lubina de procedencia gaditana y semisalvaje, presentada con esos deliciosos tomates y el toque de la salsa de miso. Muy buen plato.
Atún asado sobre sarmientos en hoja de plátano, porra antequerana y semiencurtido de cebolleta (16€): presentación muy cuidada y bocado absolutamente delicioso, un atún distinto a otros probados formando una especie de “maki” caliente, aunque la hoja no se come. Para repetir.
Baos de pollo marinado (5€): no podía faltar el típico bao (ya más común que un bocata tradicional) pero que por lo menos estaba jugoso y muy bien marinado en distintas especias. Ricos.
Rabo de toro (18€): largamente estofado y muy meloso, perfectamente deshuesado, con toques orientales de soja, lemon grass y jengibre, acompañado con maíz y chips de yuca. Otro acierto total.
No hay postres ni café, pero en puesto de al lado nos ofrecieron unas tartas y bizcochos y los susodichos cafés, así que completamos el ágape como mandan los cánones. La verdad que sorprende encontrarte con una cocina de este nivel en el puesto de un mercado, pero está claro que aquí hay buenas ideas y una cuidada ejecución en todos los platos, buscando originalidad, fusión y sabor. Muy buena cocina.
La selección de vinos sorprende igualmente, ya solo ver las botellas que hay en los estantes de la barra atrae y desde luego que la lista es de lo más personal y original que nos hemos encontrado últimamente en Madrid y está basada en tres de nuestras zonas mundiales preferidas como son Champagne, Jerez y Jura, con casi todos los vinos ofrecidos tanto por botella como por copas. Con vinos de estas tres zonas podemos hacer un maridaje más que completo. Comenzamos con copas del Fino Santa Petronila (5€), un fino en rama bastante viejo y procedente del Pago Macharnudo, de una de las bodegas más pequeñas y artesanales de Jerez. Continuamos con una botella de Stephan Tissot Arbois Savagnin “A la Fauquette” 2012 (40€), una cuvée especial “sous voile” de Tissot muy fina y con recorrido en botella, uno de esos vinos todoterrenos gastronómicos. Para terminar una botella de Champagne Marie-Noelle Ledru Brut (45€), una productora de Ambonnay que trabaja muy bien con la pinot noir y elaborando unos Champagnes vinosos y estructurados, con clase. Finalizamos con copas de un excelente Madeira Henriques & Henriques Bual 10 años (6€) francamente equilibrado y armónico, seco y de gran longitud. Copas correctas y temperatura adecuada.
Con respecto al precio pues al final siempre depende del vino, en nuestro caso fueron 210€ en total pero teniendo en cuenta que más de la mitad fue en bebida, aquí se puede hacer un ticket medio de unos 30€ comiendo con buenos vinos por copas, la RCP en general nos pareció muy destacable. Así pues, hemos salido de este pequeño espacio del Mercado de Barceló con la sensación de que es quizá el bar de vinos que más nos ha sorprendido en Madrid últimamente, pues encontramos un equilibrio de calidad y originalidad entre la cocina y la oferta de vinos que no hemos visto en otros sitios, se come francamente bien y se bebe incluso mejor. No cabe duda de que volveremos a dejarnos caer por este pequeño espacio que va a dar mucho que hablar en los próximos meses.