Bonito Hotel-restaurante, bien enclavado, en un entorno tranquilo. Preciosos jardines, bien cuidados, para degustar un aperitivo en verano.
Los salones del restaurante, al cual más bonito en un entorno rústico-clasico. Bien enfocados los toques decorativos.
El restaurante, goza de una buena cocina de mercado, clásica con pequeñas pinceladas de autor, notable la materia prima que utilizan, un poco pobre los postres, sobre todo por la fusion de sabores, por destacar algo negativo. La carta de vinos no es muy esmerada, pero ajustada en precios. No desmerece para nada la atencion del servicio, muy correcto y educado. Un notable como calificacion global, aunque podrian mejorar algo más.
Uno de los restaurantes más bonitos y donde se come bien en Cantabria.
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