El restaurante es diminuto. Comimos en la terraza, las vistas nulas. La terraza es agradable. Nos decantamos por el menú degustación (escoger un plato entre dos en primeros y segundos) ya que la carta es muy reducida, tres primeros, tres segundos y tres postres... La comida muy buena, aunque no se arriesgan mucho por la cantidad de platos (poco a escoger). La carta de vinos, en cambio, es muy extensa en comparación con la carta de comida. Los precios de la comida, caros, pero acordes a su calidad, la de los vinos, absolutamente desproporcionada. Multiplican los precios x4, incluso con los más caros. Una barbaridad. El servicio fue correcto, aunque un poco tensos...muy jóvenes y se nota que aún están formando al personal de sala. En general bien. Una pega fue que tardaron excesivamente en traerme la tarjeta de crédito...denota desconfianza y deberían cuidar ese asunto. 75 euros por barba. Recomendable pero con semejante carta, es difícil repetir porque si no, vuelves a comer lo mismo. Supongo que al ser un hotel, pensarán que sus clientes son pasajeros que tardarán en volver, pero si pretenden captar al público de la ciudad, se equivocan con ese planteamiento.
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