Restaurante Arola en Barcelona
  

Restaurante Arola

32
Datos de Arola
Precio Medio:
90 €
Valoración Media:
6.9 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
6.6 10
Entorno:
7.6 10
Calidad-precio:
5.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Sant Martí
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 65,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Miércoles a domingo mediodía y noche

Teléfono

Restaurante Arola Arola Arola en Barcelona

32 Opiniones de Arola

Enmarcado en un privilegiado entorno, sin duda es una de las referencias gastronómicas de barcelona, disfrutamos de una experiencia maravillosa a pesar de la estrella del local, el hermanísimo del padre del restaurante, supongo que la prepotencia se lleva en los genes..., en fin, a pesar de eso y del increible precio que nos cobraron, 90 euros por persona, disfrutamos de una deliciosa variedad de revisadas con cariño tapas de toda la vida.
en fin, espero y deseo que a este par de hermanos, algún dia, se les caigan las estrellas de la chaqueta, y los índices de audiencia les den la bofetada que se merecen para bajar de esa nube en la que viven, no ya por su calidad gastronómica, si no por calidad humana... (por cierto el resto del personal MARAVILLOSAMENTE CARIÑOSO, supongo que para compensar.... :)

Nada es gratuito en esta vida y aunque un cocinero sea un mito no hay que creérselo nunca y seguir trabajando. Al menos el director, hermano del artista, no lo ha entendido.Servicio pedante y parece que tienes que comer lo nunca visto y francamente, una absoluta decepción. Sólo decir que había un par de platos salados que no se podían ni comer. Quizás sin esa encegada publicidad por parte de él no hubiera sido tan decepcionante.Parece que tienes que pagar sólo por su atención.Precio desorbitado por un menú de tapas, aunque sean de diseño.
El personal muy amable, el maître muy atento.
El local, en verano estupendo. Si vuelvo sólo será para tomar una copa en su zona chill out.

Totalmente de acuerdo con Emili, una gran decepción para mi paladar (ningún sabor nuevo, ninguna textura nueva, ninguna sorpresa...) y para mi bolsillo. El vino, a precios astronómicos, sin saber diferenciar ecológico de biodinámico, metidos todos en el mismo saco... El arroz con langostinos y codorniz, de lo más normal, con tres trozos de codorniz, uno de ellos crudo y frío por dentro, sospechoso... Las famosas patatas bravas, de lo más insípidas... los mejillones con salsa de cítricos y azafrán sabían a ambientador barato de lavabo... Vamos, que no volvemos... seguro. Además, no tienen separado fumadores de no fumadores, y estuvimos rodeados (de muy cerca, porque las mesas están pegadas) de humos y humores... A causa del humo, abrieron ventanales, y estábamos a 8 grados... Hacía un frío desagradable, y aunque avisamos, todo siguió igual...Qué pena, que lástima, que timo. Las estrellas Michelín debían ser por la Broche, imagino... Si debo salvar algo, el cócktail que pedimos como postre... pero tampoco era nada del otro mundo.

Me he llevado una de las decepciones mas grandes de mi vida. El local encantador a pesar de lo ajustado de las mesas. El servicio no nos gustó nada, fue todo muy rápido, sin dar casi tiempo a saborear la comida (y eso que sólo éramos 3 mesas). Te retiraban el plato sin haber terminado ni de masticar. Tomamos el menu pica pica, consistente en 4 platos fríos y 4 casi fríos, servidos todos de golpe en una mesa en la que hay que hacer labores de ingeniería para colocarlos. El servicio de vino correcto. La verdad es que nos esperábamos mucho mas de un restaurante dirigido por Sergi Arola. No volveremos.

Una vez mas y otra vez encantador!
Aparte de la innovadora, divertida y refrescante oferta culinaria, de calidad indiscutible y del magnifico entorno y atmósfera, ahora han dispuesto una terraza “Chill Out” que literalmente destapa todos los sentidos habidos y por haber...Una maravilla!
Una vez mas todo magnifico y destacable, aunque no quiero pasar por alto en esta ocasión, la impecable, amistosa y agradabilísima labor de todo el jovencísimo personal, que con sus atenciones, potencian y te hacen disfrutar aun mas si cabe de todo lo que este magnifico local ofrece!
En especial la labor de su encantador y jovencísimo Sumiller y de Diego Barman y confidente de excepción!
Enhorabuena Sergi, no solo por todo lo bueno que haces y ofreces, si no, también por la magnifica y profesional selección de personal!

Visita el dia Sant Jordi. Local lleno. El servicio de vino muy bueno, carta con multitud de refencias locales e internacionales. Pedimos un Oda blanco. El joven somelier parece que sabe de qué habla y aconseja con sensatez. El único pero son los precios del vino que son algo elevados. Tambien prefiero tener la botella cerca que alejada pero eso ya son gustos, ellos te sirven cuando toca.

La comida muy bien, tapitas excelentemente ejecutadas sin demasiados alardes de innovación. ¿Quizá concesión a un público extranjero? : patatas bravas, escalibada... Todo con su toque de interés y su perfecta ejecución... Por unos 45 euros no estaba nada mal.

El entorno precioso, con aspecto joven y moderno, el servicio excelente y atentísimo. Sólo de nuevo un pero, las mesas demasiado juntas, demasiada gente y con la música algo alta, demasiado ruido. Llegar al restaurante es una mini gimcana si no te indican como, divertido...

Se queda en el casi-cinco puntos en los tres aspectos. Una opción interesante.

Confirmo comentarios anteriores. Todo en este restaurante (cocina, servicio, local) pivota en torno a 2 adjetivos: moderno e informal.
El menú de tapas, que es una buena opción, aunque, como siempre con Arola, cara si tenemos en cuenta las materias primas utilizadas; el servicio con el joven sumiller, atento y sensato en sus recomendaciones; y el local, con su decoración popera y ubicado en un sitio inmejorable.

Efectivamente, nada que ver con “La Broche” de Madrid, ambos de Sergi Arola, ambos con su inconfundible sello, ambos emplazados en hoteles, en dos Grandes hoteles: La Broche en Madrid en el Hotel Miguel Ángel y Arola en Barcelona en el Hotel Arts, pero es curioso que ninguno de los dos, es el restaurante del hotel!
Encantadora y muy evocadora la ubicación, fantástica la decoración vanguardista con sutiles pinceladas Art Deco y magnifico el enfoque, la idea y la filosofía del negocio, mucho mas moderno y juvenil que “la Broche” se podría decir que uno es su santuario y otro su retiro.
Perfecto en todo, nada que objetar o añadir, espectacular la bodega, magnifico el servicio, delicioso y divertidísimo el menú compuesto de diferentes y variadas tapas de inspiración clásica interpretadas por Sergi.
Destacar la amabilísima y simpática atención de Carolina y los acertados consejos y comentarios de su jovencísimo sumiller.
No es barato, pero tampoco es prohibitivo!
Una maravilla, muy recomendable, de Indispensable visita en Barcelona!!!

Local muy bonito sobre todo para ir en verano pero menos mal que éramos 4 pax y nos tocó una mesa grande ya que las mesas de dos están todas muy juntas y no se tiene intimidad,por otra partepe hay un especie de "reservados" diferenciados con coritnas y terraza en verano.
La comida correcta pero no salió nadie sorprendido, cenamos bien pero tb hay q añadir q no esperabamos menos, si no mas.
Bebimos un Enate Varietales pero en ningún momento nos atendió un sommellier, nos atendió nuestro mismo camarero que por cierto fué muy atento y dedicado respondiendo al detalle y perfección a nuestras preguntas.Si vais dos reservad una mesa tranquila!!

Comentar que el local y la manera como estan distribuídos los diferentes espacios me gustaron mucho. Pedimos el menú degustación que está bien de precio pero esperaba algún plato más, menú corto para mi punto de vista aunque lo que nos sirvieron estaba en general bastante bueno. Mi único pero es para el servicio del vino, puesto que el camarero que nos sirvió no sabía ciertas cosas básicas de su liturgia ( p.e. se extrañó que pidiera cubitera para bajar unos grados la temperatura del vino, un Borsao Tres Picos’02, puesto que era septiembre y estábamos al aire libre, igual hacían 22º) y el sumiller brilló por su ausencia cuando lo reclamabas.

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