Restaurante Atrium en Albufeira

Restaurante Atrium

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Datos de Atrium
Precio Medio:
45 €
Valoración Media:
- 10
Servicio del vino:
- 10
Comida:
- 10
Entorno:
- 10
Calidad-precio:
- 10
Fotos:
 
País:
Portugal

Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 45,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


1 Opiniones de Atrium

Paseando por “lo viejo” del Albufeira, encontramos un día un lugar a priori muy interesante, pues era como un restaurante-teatrillo al que se accedía desde planta calle pero estaba en primera planta, con los ventanales abiertos, por los que salían música portuguesa, risas, aplausos y buen rollo. Desde la calle se entreveía a través de los citados ventanales un espacio muy chulo.

Vamos un día a escuchar fados? Venga!

Y la noche que siguió a la experiencia mística del pollo piri piri de Guia, fuimos para allá.

Tiene mucho sabor Atrium. Ambientazo (99% guiris y 1% un portugués despistao), un grupo cantando con el escenario del antiguo teatro… Mobiliario, cortinaje, techos, suelos… de café-cantante de los de antes.

La gente aquí viene a divertirse y los del grupo musical (cuatro varones maduritos con guitarras portuguesas, tamborcillos y acordeones), pese a no tener mucha gracia, enseguida arrancan unos compases coreados, unos aplausos pautados… logran la participación del público.

Algún fado me llegó, lástima que optaran más por las canciones ligeras populares que por los profundos fados. Esa parroquia no pide profundidades, pide alegría y alboroto, el perrito piloto.

En cuanto a la cena… pues mejor de lo esperado: las tan cacareadas expectativas esta vez jugaron a su favor, pues eran bajísimas.

• Boquerones con ajo
• Salmón ahumado
• Champiñones rellenos
• Bacalao brasa estilo Atrium

Correcta cenita, sin más.

Para beber, nos apetecían burbujitas, así que pedimos un espumante, el Raposeira Brut Reserva. Había dos versiones de Raposeira, el semi dulce “meio deco”) y el brut. Me empleé para que entendiesen bien que quería el brut (que por cierto era bastante más caro). Pataplán!!! Lo caté y era dulce como su… Bueno, como a mi mujer y a mi hija les gustaba, no dije nada y nos lo bebimos. Pero… ¡ah amigo! Cuando llegó la cuenta, me habían cobrado el brut.

No, oiga, no… Sí, oiga sí. Que noooooooo. Con bastante mala leche, accedieron a cobrarme lo que a mí me tocaba. Se ha bebido usted el vino más caro que tengo en la carta. Yo no sé lo que me he bebido, pero era dulce, no brut. Y yo he pedido brut. Al parecer, me había sacado un espumante más caro que el que yo había pedido, pero no era brut, era “meio seco”, de una gama superior, la top. Ellos pretendían cobrarme el brut, yo no entendía muy bien, me planté, y dije que ni de coña, que me cobraran el valor del meio seco que constaba en la carta, que el otro meio seco no lo veía yo en la carta.

Al margen de este altercado final, el servicio era profesional y, cómo no, altivo.

Bueno, pues oye, lo pasamos bien tocando palmas y tatareando canción ligera y, sobre todo, escuchando algún fado. Esa seriedad, gesto adusto y altivez que en ocasiones molesta del servicio portugués, es sin embargo una delicia cuando se la colocas a un fadista varón. Son como los toreros del canto.

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