Tradicional

Situado a escasa distancia de la Pl Eivissa, en el barrio de Horta. Como hacía buen tiempo, nos quedamos en la terraza, por lo que no vimos el interior más allá del lavabo de la entrada. Mesas de tamaño correcto, aunque vimos que para dos comensales habían dispuesto dos mesas juntas, por lo que había espacio de sobra. Buena separación entre mesas. Manteles y servilletas de papel, menaje sencillo, copas sencillas. Carta bastante amplia a base principalmente de recetas tradicionales catalanas y vascas. Carta de vinos amplia para este tipo de locales. Referencias de gama media-baja a precios entre x2 y x3.

Cena estival a base de platos para compartir. Empezamos con unas aceitunas rellenas de ajos en conserva obsequio de la casa. Pedimos:

- Patatas bravas (5,-€) - Curiosa presentación. Salsa picante. Buen punto de cocción, aunque las prefiero fritas.
- Caracoles (12,80€) - Pasadísimos de sal, pero con muy buen sabor. A mi me gustan pasaditos de sal, así que moje pan hasta acabar la salsa.
- Pupurri de banderillas (10,-€) - 2 tipos de banderillas con base de alcachofa en conserva: una con boquerón en vinagre y aceituna y otra con anchoa y mejillón. Muy buenas.

También pedimos una rebanada de pan de payés tostado, que acompañaron con tomate, ajo y aceite, y una rebanada del mismo pan, pero sin tostar, para mojar en la salsa de los caracoles. Por el pan nos cobraron 1,20€, pero no sé el desglose.

Apenas 3 postres para elegir, pero los que pedimos, dignos de una pastelería:

- Tarta de queso de leche de oveja (6,50€) - A mi mujer le pareció excelente. Tamaño respetable.
- Crujiente de chocolate con frambuesas (5,90€) - Algo pochas las frambuesas y la arena de chocolate no estaba demasiado crujiente. Muy buena presentación, aunque el caramelo me pareció que sobraba. Buen sabor.

El precio de los postres lo he puesto a voleo porque no aparece el nombre de los postres en el tiquet.

Para beber, una botella de agua de 1 l. (2,75€).

El camarero nos avisó de que las raciones eran generosas, como así resultó ser. Gracias a eso llegamos a los postres, que pueden parecer caros en comparación con los platos que pedimos, pero me parecieron platos elaborados, dignos de restaurantes bastante más caros, y nos gustaron mucho.

No creo que una comida a base de primero, segundo y postre, más una botella de vino baje de treinta y pico euros por cabeza.

Nos quedamos con ganas de probar algunos de los platos que vimos servir en las mesas adyacentes. Seguro que volvemos.

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