Restaurante Javier Martín: Buena opción.


De visita en Cáceres, buscamos por la web y encontramos este restaurante en la parte nueva de Cáceres, alejado del centro histórico, y decidimos probar. Como mínimo, esto permite que no haya problemas para aparcar.
De entrada, el local es amplio, luminoso, con mesas bien vestidas y con buena separación entre ellas. Menaje adecuado.
Indicar que tienen música ambiental de corte tranquilo con un nivel ligeramente alto aunque no impide una estancia agradable y conversar sin elevar el tono.
Nos aposentamos y mientras tomamos una cerveza fresca (de barril pero sin mucha personalidad) revisamos la carta. Viendo que disponen de dos menús degustación, nos inclinamos por el de menor número de platos, que por 30 euros, presenta una buena RCP. Sin incluir bebidas.
La peque se decide con nuestra ayuda por un arroz caldoso con bogavante, del que como suele ser habitual, dió buena cuenta de él. La verdad es que lo probamos y realmente estaba delicioso. Caldo concentrado con un toque de pimentón de la Vera que acompañaba muy bien. Por cierto, los bogavantes campaban a sus anchas en una pecera grande que había cercana a la cocina, por lo que la frescura era evidente.
En nuestro caso, empezamos por el aperitivo de la casa, croquetas de bacalao, de buen sabor y suaves.
Como entrantes, primero nos traen un carpaccio de solomillo ibérico, láminas de foie y canónigos, excelente combinación de sabores, texturas, y a la postre, el plato que más nos gustó.
Como segundo entrante, saquitos crujientes rellenos de marisco, en este caso el más flojo, quizás por un exceso de crujiente que le quitaba protagonismo al marisco que era lo que realmente merecía la pena del mismo.
Después pasamos la pescado, rape con bogavante gratinado con salsa holandesa, con buen punto de cocción del mismo, con aporte de sabores del acompañamiento más que del rape, dado que no es un pescado de gran aporte sápido.
Entre el pescado y la carne, nos traen un sorbete de limón al cava. Hacia tiempo que no tomaba sorbete entre platos, como curiosidad.
Para continuar, un excelente plato, solomillo de ternera con salsa de foie y torta del Casar, donde la fusión entre los diferentes sabores era muy acertada. Disfrutado.
Para finalizar, el postre, una sopita de fresas con helado de coco y virutas de chocolate, donde se presentaban fresa, frambuesas y arándanos donde volvemos a tener combinación entre la acidez de la fruta, ligero amargor del chocolate y dulzor del helado. Muy conseguido.
En cuanto al vino, decir que la carta de vinos no es extensa, presenta referencias variadas y como curiosidad, podemos encontrar vinos como castillo de San Diego ó Monasterio de Tentudia al lado de referencias como Valbuena (150 euros) y L'Ermita (750 euros). En cavas que suele ser una de mis predilecciones para los menús, un poco flojos con solo 4 o 5 referencias conocidas y de poco interés. Optamos por agua y en mi caso, una copa de Viñas del Vero Gewürtraminer para el rape (muy floral, rico) y un Ribera de Duero joven del que no recuerdo el nombre (correcto sin mas). A 3 euros la copa, aquí perdemos la RCP de la comida, siendo los vinos que son. Este apartado creo que es donde deben mejorar, el tinto se sirvió demasiado frío y hubo que dejar que atemperase.
Otra curiosidad. A la entrada veo varios decantadores con su aireador correspondiente, cosa que me sorprendió. Y aunque no puedo constatarlo porque no pedimos botella de vino, si que pude ver que en las otras mesas siempre aireaban el vino, pero no puedo asegurar que lo hagan con todos. Cosa no necesaria siempre. Lo comento mas que nada por la web en la que estamos.
El personal decir que es muy atento y amable.
Para terminar tomamos unos chupitos gentileza de la casa.
Una buena opción.

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